La distancia que escribe

Lo vi por última vez hace tres años. Su voz era la misma, esa que no se me escapa de la memoria. Le compré con gusto un viaje al pasado a través de las papilas gustativas: el mismo sabor de la infancia, de la adolescencia y de la vida adulta. Le pagué de más por la admiración que le tenía, por su alegría imperecedera, fruto de años de fermentación del carácter, como la masa con la que se prepara la histórica bebida.

En ninguna otra parte

Retomando a Padura, yo soy un escritor más bien gracias a la distancia, a todo lo que me separa del lugar que me vio nacer. Amo más a mi país cuando me encuentro lejos, cuando me propongo a recordarlo con la dosis necesaria de nostalgia que lo embellece.

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