«Creo, no obstante, que nunca alcanzamos la edad de nuestros padres.» «Je crois pourtant que nous n’atteignons jamais l’âge de nos parents.»
El manantial de lo que quise ser · La source de ce que j’ai voulu être
«Los libros, la escritura y también la música, mezcla que me salva y que me eleva.» «Les livres, l’écriture et aussi la musique, mélange qui me sauve et m’élève.»
Je ne rêve plus
Vouloir être écrivain et ne pas savoir comment le devenir. Écrire, mais écrire ne suffit pas. Je dois prendre le chemin de la correction, de la relecture de mes textes oubliés.
Ya no sueño
Querer ser escritor y no saber cómo llegar a serlo. Escribir, pero escribir no basta. Debo recorrer el camino de la corrección, de la relectura de mis textos olvidados.
Las nubes amenazan con inminente lluvia
Entre la lluvia y la página, escribir se convierte en una carrera contra el tiempo: una forma de salvar del olvido los instantes, los amores pasados y la incertidumbre de llegar a ser escritor.
Fatigar una página más
Entre el recuerdo de una madre frente a la máquina de coser, la lluvia y los libros, escribir se vuelve una forma de recuperar el tiempo y fatigar una página más.
Recuperar el tiempo perdido para malgastarlo
Una tarde de cansancio y espera abre una reflexión sobre el tiempo perdido, el deseo de escribir y nuestra obstinación por aplazar la vida.
Libros mis maestros
Como tal, yo no tengo una máquina de escribir sino una computadora —ordenador, le llaman de este lado— a la que le he tomado cariño. La primera. Teclas que se desgastan poco a poco; lento a veces, rápido cuando quiere, menos ruidoso que el golpeteo de una máquina de escribir. Épocas distintas. Y no por... Leer más →
El cuaderno y el rostro
He agotado las páginas de mi cuaderno. Mi diario se ha cerrado: ha llegado al final de sus días, no así los míos. Un cuaderno sin más páginas ofrece el sosiego de haber dejado testimonio de lo vivido o lo pensado, pero también ofrece el porvenir: ese gozoso volver a comenzar con un cuaderno cuyas páginas se presentan indemnes, como el mañana que no puedo calcular
Amar como ama un escritor
Florentino fue el primero. Me enseñó que el amor puede esperar entre pequeños amores, que nada está dicho y que la paciencia siempre trae sus recompensas. La mujer amada hasta el final de sus días, o de los míos, porque donde hubo amor siempre queda alguna semilla expectante, lista para germinar