Victoria

Se creía una mujer distinta. Pero las palabras de sus padres no se le iban de la mente ni del corazón. Elle se croyait différente. Mais les paroles de ses parents ne quittaient ni son esprit ni son cœur.

Nada serio

Entre el vaivén de Laura, la mano de Gloria y el ritmo de la música, Ronald imagina una vida distinta. Pero al amanecer, la honestidad llega tarde.

El que sueña escribe mejor que yo

El hombre pidió unas gafas más baratas. Dijo que no pensaba aprovecharlas del todo. La dependienta insistió: —Es por su salud visual. Entonces él se quitó las suyas. Y ella entendió. —¿Tiene un espejo? El ciego sonrió al verse

El Equilibrista

Ella no dudó en responder a los pocos minutos: sí, he recibido tu mensaje, me ha dado un vuelco al corazón. Repite esa palabra, la sabe suya; él nunca la utilizaría. Lo suyo se reduce al corazón que late a destiempo, al suspiro que corta la respiración y a los latidos salvajes del amor loco —o los imperceptibles del sosiego o la tristeza—. Pero Clara sintió un vuelco al corazón, se sintió desconcertada, y se hizo la pregunta: ¿para qué me ha escrito?

Ya somos el olvido que él temía.

¿Por qué no terminar todo de tajo? Tenía que maquinarlo, hilvanar los hilos sueltos de sus ideas, encontrar la forma menos dolorosa. No hoy, tampoco mañana, no ahora que él duerme después del vuelo de once horas. Pero lo tenía claro: aquello debía terminarse. Faltaba tiempo, reflexión, andarse con cuidado, no por las ramas de la conmiseración

Los demasiados libros

¿Crees que a tu tío Julián le haya hecho daño leer tanto?, pregunta mi madre, preocupada, no ajena a la creencia inmemorial y novelesca —parte inalienable de nuestra cultura universal— de que a un hombre se le seca el cerebro hasta la locura por haber leído demasiados libros. Mamá cree que su hermano Julián sufre de esa enfermedad: los mentados libros lo hicieron así, hijo; él nunca quiso tener un trabajo ni un sueldo fijos; desdeñaba toda autoridad, toda adherencia a los sindicatos o a los partidos, y por eso terminó así

Lo que fue presente

Y hoy escribe palabras de arrullo, palabras dormidas, de ensueño, porque mañana se me vedan las horas, se terminan mis dos de insuficiente descanso, se lamenta a la vez que escribe, deja huella de su gran infortunio. En vano intentó concentrarse en las páginas de un libro sencillo, seguir el ritmo gradual de la lectura, dejarse ir poco a poco, entre líneas, para ya no estar consciente de estar leyendo. Estuvo, sin embargo, orgulloso de sus tres páginas memoriales, las de su diario que no termina, aquello que fue presente

Sed

Por años, la botella fue como un crucifijo que pendía entre el deseo de vivir y el temor de la muerte. Cada noche volvían las pesadillas: la escena de aquel día fatal se repetía como aviso. Se despertaba sediento, deseando el agua con un fervor casi religioso. Lo veía vaciar el contenido, rellenarla, beber un vaso tras otro hasta que el cuerpo (agotado, insistente) decía basta, aunque la sed latiera todavía, molesta y débil

Fatigar los días

Papá se transformaba al beber, si bebe todavía, lo hace. Primero la euforia, pletórico de vida, diciendo sí a todo, mi aventurado padre, luego la agresividad, el insulto fácil contra su mujer y sus hijos, finalmente el derrumbe: un hombre arrepentido, hambriento de cariño, deseando morir. Yo lo escuchaba, incapaz de consolarlo, porque no podía fungir como el padre de mi padre.

Otra afrenta

No obstante, lo asaltarán otras ideas, llegarán a brincos, conejos de tiempo y de espacio empecinados en quitarle el libro de las manos para darle otro, o para que tome su cuaderno y escriba, o para que no haga nada, para que se deja llevar por lo que le muestra el espejo negro, dejar que pase el tiempo, que se le escurra de las manos hacia la eternidad. Hará muy poco, nada de lo que se propuso, infamia contra la vida misma, contra sí mismo. Escuchará las voces del más allá que le dirán que deje de hacerse el imbécil, que deje de jugar a la inmortalidad, que si no sabe vivir pueden intercambiar de lugares, de este lado puedes hacer lo mismo, entregarse a la eternidad insípida y no al instante glorioso y efímero de la vida

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