Otras veces estoy cansado de escribir, de acumular montañas de letras, bultos pesados de papel atestados en mi biblioteca, compartiendo el espacio con los libros a quienes tanto le deben su existencia. Escribir no pocas veces parece la condena de Sísifo, empezar algo para no terminarlo —más allá del límite que me impongo— y comenzar otro día con un folio nuevo.
Soslayar
Pero ella sabe que la traición tiene un sabor dulce cuando se es el ejecutante y no la víctima, sabe que se deja llevar por un deseo desde hace años contenido, y que la mejor forma de librarse de esa espinita —como ella le dice— es rozándola, sangrar un poco por su culpa.
La identidad
No he querido hacer la pregunta porque ella hará la misma y, según responda yo lo haré con la mentira como artilugio o con la verdad como ataque directo. Ella podría mentir, yo a su vez, y entrar en el juego del engaño. Y así enamorarnos a partir de la invención de la vida, lúdica actividad amorosa que tendrá el mismo final de antaño, la historia que se repite y el pasado que vuelve a pasar o que no pasa nunca.
Desconocimiento
La mañana despejó la tristeza y el desasosiego. El día tenía una nueva razón de ser. Me llegó un libro de Borges, como un regalo especial hecho por alguien que conozco poco. Por eso he venido a estas páginas, para dar cuenta de que se es escritor escribiendo.