Contar qué

Es ese el personaje de mi cuento, un viejo que lo ha perdido todo, incluso las ganas de vivir. Habla con los muertos, dos tazas de café, una para él y otra para su mujer ausente que está más presente que nunca. Ya vendrá a tomárselo, ella es así, viene cuando le da la gana, siempre fue obstinada, yo no tengo nada que reprocharle

Exorcizar los días

No hablo, en este trabajo el habla queda suprimida, no es necesaria, tan solo cuando se necesita confirmar algo, para pedir ayuda, para dar cuenta de un error. Para lo demás todo es silencio

El que escribe

Otras veces estoy cansado de escribir, de acumular montañas de letras, bultos pesados de papel atestados en mi biblioteca, compartiendo el espacio con los libros a quienes tanto le deben su existencia. Escribir no pocas veces parece la condena de Sísifo, empezar algo para no terminarlo —más allá del límite que me impongo— y comenzar otro día con un folio nuevo.

Se busca escritor

Pasajes de nada, de recuerdos, de ideas varias, que se acumulan sin tener un fin. Al menos no carecen de significado. Las páginas están llenas de mí en esta atmosfera del hogar displicente con la música clásica de fondo y el café de compañía unas veces, de accesorio otras tantas. Mentiría si dijera que necesito de cierta atmosfera para escribir. No siempre me hace falta el café o la música, pero de lo que sí requiero es del silencio cuando mi concentración es débil o del bullicio cuando las palabras me hablan con más fuerza, estridentes.

No tengo certezas

Qué puede nacer de mí, de mi vida pública, privada y secreta. Qué puedo extraer de mi mundo literario. Qué puedo obtener de esta soledad omnipresente que no me ha permitido conocer ningún compañero de oficio. Los escritores que no se encuentran en todas partes porque cuando no vivimos entre las sombras lo hacemos entre cuatro paredes. Unos temerosos del mundo que los rodea y otros ávidos por experimentar la vida al límite.

El olvido de escribir

Dos autores distantes y con sendos libros a la mano coinciden en la importancia del olvido. El primero, Pessoa, habla de la literatura como un arte para desprenderse de sí mismo, olvidarse, distraerse con la tan falsa como verdadera sensación de sentirse otros, pensar en otras mentes. La literatura entonces es un dulce enajenamiento, un viaje como el que se hace cuando se sueña, la elevación del ser más allá de sí mismo: ser otredad. El segundo, Cesar Aira, está conforme con el olvido, despertarse seguro de haber soñado, como sensación física, pero con un gran hueco en la memoria.

Escribir muy tarde

Para mí el oficio del escritor me parece el más grato, el que tiene sus recompensas aun antes de ser reconocido. Debe tener sus momentos complicados, de antipatía o de bloqueo, principales enemigos del oficio, ya que ningún escritor puede dormitar en sus laureles, escribir un libro o dos y renunciar a la literatura, convertirse en un amanuense tipo Bartebly, en un escritor del no. Pero los hay escritores que se duermen en sus laureles. Claro ejemplo el de Juan Rulfo, a quien dos libros le bastaron para entrar y formar parte de la Literatura Universal. Pero quién con el talento de Rulfo.

Forzada escritura nocturna

Los recuerdos, inolvidables o no, acechan mi descanso, se aparecen como espectros durante la duermevela, se trasfiguran en narraciones oníricas de no despreciable valor literario. Sueños ora luminosos, eclipsantes; ora de profunda incomprensión, una penumbra delirante hasta lo terrorífico. Salgo del sueño, de lo que debería ser mi descanso, con el cuerpo lastimado.

Escribir por escribir

Ahora veo que no sabía nada, que los años me han dirigido hacia otros mares más profundos. Mares infinitos. Vida tan corta para poder explorarlo. Leer como una canción infinita. Encontrar refugio, calma, sosiego en las palabras. Sentirse salvado por la página que sigue. Cuánto bien le han hecho al mundo los buenos escritores. Gracias a ellos me he salvado de las preguntas banales, de cuestionamientos muy sencillos. Me he librado de dogmas y he vivido más allá de mi mismo. He sido cada personaje que he leído.

Palabras de ensueño

Cuán grande es la alegría de ver que la página se llena con palabras amigas. Las hemos elegido. Las hemos puesto una detrás de la otra formando líneas de oraciones que ya no nos pertenecen. Hemos logrado traducirnos. Plasmar lo que llevamos dentro en un lenguaje fiel a los sentimientos y a las ideas. No... Leer más →

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