Han sido años difíciles, la delatan los movimientos nerviosos de las manos, esa ansiedad física ante los problemas presentes. Siente una nostalgia irreversible al comparar las edades, yo veintinueve y ella treinta y seis. Eres muy joven, me dice, y suelta un suspiro resignado. Es insegura, y como toda mujer con falta de autoestima no carece de la bondad como bandera, de un corazón maltratado pero que sigue dándose sin reparos
El desasosiego de no saber
Debe ser a cierta edad en la vida, cuando se ha vivido la pasión del amor, en su pico más alto y en su decadencia, cuando el no saberse correspondido, en lugar de ser un agravio resulta un alivio. Saber que lo que se siente no es recíproco deshace todas las inquietudes, desvanece todas las ficciones que no son más que esperanzas infundadas. No resulta doloroso saberlo, pues amar así, con tantas dudas y sobrentendidos resulta agotador, y lo que fatiga resulta indeseable
La vida luminosa
Me han vuelto los días soleados, el amor recurrente, la familia acogedora, lo amaneceres de ranas y canales. Un desayuno frugal, el andar en bicicleta por tierras planas, caminar entre el verdor naciente de la primavera. No sentirme como en casa, porque sentirme como en casa denota incomodidad, sino sentirme bienvenido, sosegado, invadido de sentimientos benevolentes.
Desmemoria
Hoy, además de ser lector, he podido ser escritor. Nadie puede arrebatarme este triunfo, esto formará parte de la infinita corrección de mi vida, de la retrospección, de un pasado que por escribirse se vuelve olvido. De esto no me voy a acordar en una semana, esto pasará como la lluvia, como el atardecer, como la música de piano de fondo. Guardo aquí lo que mi memoria se dispone a borrar
No es el lugar
Sigue suspirando, resoplos de tristeza, no se le da expresarse con palabras. El llanto le viene como la locura, mezclado de risa, incomprensible. Hay algo profundo que no logra exteriorizar, la razón de su desdicha, de su entrega a la vida leve, ausente en la medida de lo posible
Nada se resuelve
Pero bien sé que las cosas no son así, que, como yo hice, primero es el diagnóstico y después se resuelve el problema, me dará cita para un día o dos después, y problema no resulto hasta que venga con todo lo necesario.
En ninguna otra parte
Retomando a Padura, yo soy un escritor más bien gracias a la distancia, a todo lo que me separa del lugar que me vio nacer. Amo más a mi país cuando me encuentro lejos, cuando me propongo a recordarlo con la dosis necesaria de nostalgia que lo embellece.
El viaje de ida
Poco me he dedicado al estudio y mucho a la lectura. Sé lo que se puede vivir en los libros, no aprendo más que lo que experimento a partir de una página bien escrita. Las palabras que me dan calor, que me dan oxígeno como unos labios a poco de un beso. Un poema que al leerse se saborea en la boca como un manjar diáfano y escurridizo. Para eso sirven las palabras, para provocar pasiones, sentimientos, ideas nunca venidas a cuenta.
Soslayar
Pero ella sabe que la traición tiene un sabor dulce cuando se es el ejecutante y no la víctima, sabe que se deja llevar por un deseo desde hace años contenido, y que la mejor forma de librarse de esa espinita —como ella le dice— es rozándola, sangrar un poco por su culpa.
La identidad
No he querido hacer la pregunta porque ella hará la misma y, según responda yo lo haré con la mentira como artilugio o con la verdad como ataque directo. Ella podría mentir, yo a su vez, y entrar en el juego del engaño. Y así enamorarnos a partir de la invención de la vida, lúdica actividad amorosa que tendrá el mismo final de antaño, la historia que se repite y el pasado que vuelve a pasar o que no pasa nunca.