Todo me cansa

Nos vimos una segunda vez como tentativa de recuperar el tiempo perdido, para darnos cuenta si la pasión prevalecía, si no había sido un juego de niños. Ambos descubrimos, primero ella, que ya nada quedaba de la pareja de antaño, los besos ya no sabían igual; me dio un libro como regalo de cumpleaños y de despedida. Luego ya no nos vimos, nos intercambiamos silencio por silencio, mi último mensaje de agonía y ella de indiferencia

Saber que se sabe

Qué hubiera dicho Onetti de las escuelas de escritura creativa, vaya engaño para los idiotas, perro de la desdicha, hombres y mujeres sin talento para la mentira. Sé que Cortázar me golpearía con una silla al pedirle consejo, porque el verdadero escritor no pide consejos ajenos, sabe ya, dentro de sí, cuál es el camino que seguir. Dos herramientas fundamentales: la soledad y los libros, al que se le suma como intrusa la escritura. Tiempo para leer, tiempo para escribir y tiempo para corregir lo escrito. Tomar esa rutina como eterno retorno personal, tiempo para regresar y empezar de nuevo.

Ya no somos los mismos

Aunque parezca ser que todo en mi es resignación, que doy lo perdido por perdido, sin ánimos de recuperarlo, creo que seguimos siendo, en cierta medida, los que fuimos. No es que hayamos dejado de ser, sino que el porvenir, desde ese pasado divergente, nos dio otros yos. Nos multiplicamos en uno sólo, acaso por eso nos cuesta reconocernos porque hemos pasado a ser multitudes

Nada sé de cierto

Vuelvo a la imagen conjetural de la próxima vejez, del laberíntico andar por hospitales de paredes blancas, secretarias indolentes, médicos cansados y enfermeras de falsa cortesía. Se me verá distinto, se me hablará más fuerte, la presunta idea de que el señor ya no escucha bien. Andaré solo, pues no tendré hijos, mi mujer nunca quiso tenerlos, y yo me acostumbré a la vida de dos que se aman

Jueves

Mi padre murió un jueves. Estuve al pie de su cama, dándole la espalda a la muerte que no tenía tiempo para los adioses, custodiando sus últimas horas, no sé cuántas, dijo el médico, pero le queda muy poco. La muerte ya lo sabía, se le subía por los pies, se los pintaba de negro. Papá no sentía ya dolor, era lo que nos decían, estaba dormido, con suerte en un sueño alegre, lejano pero con contacto sonoro —nos decían— con el reino de este mundo

El tiempo perdido

Lo que lamento es el olvido como señal de que aquel yo de menos edad no es el que ahora escribe. Me identifico más con el niño sin conciencia, ausente, con muy pocos recuerdos que con el adolescente que vivía una farsa. No tengo ninguna prueba escrita —porque lo escrito es lo único que tiene valor— de que viví aquellos años. Hay, existe tan solo la imagen que me interpela, y me digo que cómo han pasado los años, que mi rostro ya no es el mismo, que he envejecido como envejecen mis padres

Aves

Hay un árbol a lo lejos, el alto sauce de lo no vivido, de mis miedos, en su cima reside la felicidad inminente, sobre sus ramas se posan las horas que pican, y más arriba los presagios que se me escapan de las manos

¿Entonces cuándo?

La noche larga se nos hizo corta, el primer beso de despedida, explosión de recuerdos, pasado y presente conjugados en minutos hacia el futuro. Beso cada vez más largo, cuerpos agitados, latidos a destiempo, suspiros del primer amor quebradizo. Nos miramos palpitantes, trastocadas por el mañana imposible, esta noche no, pero ¿entonces cuándo?

Lo que pudo haber sido

Puso algo de música clásica y las primeras palabras nacieron. Cuán grato le fue el placer provocado por una pieza alegre, lejana, que le hizo la noche luminosa. No era el triste y melancólico Chopin esta vez, era una música que saltaba de alegría, que bailaba al paso de su escritura. Tres minutos le duró el encanto, la embriaguez, esa dulce borrachera

El éxito es un malentendido

Perfecto actor de su época, presente desgraciado, lo que sea con tal de que se le permita continuar aquí, renunciar a la vaca, llevar su proyecto personal hasta lo enigmático, oculto. Nunca confesar lo que de verdad se es, no dejara entrever que durante las noches escribe, que se inventa un mundo aparte, quizás una ciudad con puerto como Santa María, con una plaza rodeada de árboles, un quiosco siempre animado, el ir y venir de habitantes y turista. Vivir del otro lado, crear esa muy suya realidad que le sirva como consuelo, publicar desde el anonimato, por amor a la ficción

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