D. me miró a los ojos luego de mi beso de adelantada despedida. Sacó de su bolso un cuaderno de cuero, dentro una carta que leí al instante, una declaración de amor sin fronteras, un amor de puentes colgantes entre países, su infinita confianza en mí para que agotara las páginas de ese cuaderno, para que cumpliese mi inseguro propósito de ser escritor, ella como mi primera lectora. No lloré porque no era momento de llorar, porque nos íbamos a volver a ver, porque no era exagerado decir que la pasión iba a prevalecer, que la renovaríamos con el fuego encendido de tanta ausencia
Tiempo futuro
Sepan bien gentes del futuro que hasta hoy no he podido terminar nada. Me gusta conformarme con mil palabras. Creo, con ingenuidad, que la vida se acabará pronto. Sin embargo deseo lo contrario, y debería poner de mi parte para que así suceda. La música eterna me dejará escribir hasta donde la muerte me lo permita. Y sentir alegría de que la vida aun no se acabe. Dueños del tiempo futuro. Dueños de un poco del azar que nos gusta llamar, no pocas veces, destino.