El día que no supe quién era

Leía por placer, no para crear. La imaginación me bastaba. Veía desfilar imágenes; sentía la felicidad y la tragedia. Vivía más allá de mi casa humilde, de ese pedazo de mundo donde me tocó nacer. Recorrí el mundo a través de páginas: los libros como mariposas de alas infinitas. Crucé fronteras, conocí países, mentes, personas. Hablé con los muertos: prestidigitador torpe, nigromante que dialogaba con otras almas.

¿Entonces cuándo?

La noche larga se nos hizo corta, el primer beso de despedida, explosión de recuerdos, pasado y presente conjugados en minutos hacia el futuro. Beso cada vez más largo, cuerpos agitados, latidos a destiempo, suspiros del primer amor quebradizo. Nos miramos palpitantes, trastocadas por el mañana imposible, esta noche no, pero ¿entonces cuándo?

Blog de WordPress.com.

Subir ↑