Me puse cómodo en mi sillón, el único, de espadas a la puerta que me hubiera molestado con intrusiones no pedidas, dejé que mi mano sintiera con el fino tacto una y otra vez el terciopelo verde y me puse a leer los capítulos finales.
Imposturas
Me puse cómodo en mi sillón, el único, de espadas a la puerta que me hubiera molestado con intrusiones no pedidas, dejé que mi mano sintiera con el fino tacto una y otra vez el terciopelo verde y me puse a leer los capítulos finales.