La historia se me fue de las manos. Hablaba de vidas similares, de niños huérfanos, y la historia de mi abuela se abrió paso con su desgracia nunca compartida. Yo, tan solo testigo semanal de su sufrimiento. Si tan solo mi abuela hubiese escrito, contado su juventud, su vida adulta en cartas… Pero esta familia no deja nada para la posteridad, sino el caprichoso y cambiante recuerdo. Quizá por eso escribo: para que en esta familia alguien rompa el silencio que los unió.
Fuego con el juego
Esa era mi manera de jugar, mi descubrimiento primigenio del fuego. La relación estrecha con la eternidad que me precedía, con los primeros hombres que lo descubrieron —de algún modo alojados en mi ADN—, con el primer piromaníaco de la historia, un desconocido entre mis antepasados. Yo, heredero de su placer por ver arder las cosas, pero con el cuidado de que ese fuego no me consumiera.
Un boleto de ida
El otro lado de mí sopesa el porvenir al que he renunciado, la vida del otro lado del espejo, ese hiriente hubiera, el qué habría pasado, qué vida tendría si no tuviese esta. Encontré una vez el consuelo en una cita de Pessoa: si me dieran un boleto de ida a cualquier lugar elegiría esta misma calle, esta misma vista y, en mi caso, la misma luz que anuncia el final de todo
Inerte forma de vida
“Quiero ir a todas partes, y en este deseo, tanto profundo como desesperado, termino por dar rodeos, no avanzar, quedarme en la encrucijada. He pasado años en el mismo lugar, reticente a la caída incesante, al cambio repentino en el que podría encontrar la dicha."
Saudade del yo perdido
Para mí, la escritura carece del carácter lúdico que le daba Cortázar. Para mí es casi una vocación de sufrimiento, de pesar por no lograr decir lo que albergaba mi mente. Empiezo con una frase, y a partir de lo que no sé, empiezo a hilvanar los finos hilos de la memoria
Ocupar el tiempo
¿Es ese el camino correcto? Cesar Aira aconseja —sin ánimos de dar consejos— que el escritor novel deje de lado el ideal de escribir buenos libros, de dedicar toda una vida a una obra y que mejor opte por escribir, sin intención premeditada, malos libros, pues los buenos libros son numerarios y están en todas partes. Optar por la vanguardia, pues ella es la que tiene el veredicto inapelable del futuro. Cesar Aira es entonces el escritor que ha cavado su propia tumba de eternidad y gloria, su propio reducto donde no cabe nadie más que él. Con persistente y desinteresado denuedo por no figurar como un gran y no menospreciable escritor, Aira ha entrado por la puerta grande en el marco contemporáneo de la literatura que vale la pena leerse.
Fatigar los días
Papá se transformaba al beber, si bebe todavía, lo hace. Primero la euforia, pletórico de vida, diciendo sí a todo, mi aventurado padre, luego la agresividad, el insulto fácil contra su mujer y sus hijos, finalmente el derrumbe: un hombre arrepentido, hambriento de cariño, deseando morir. Yo lo escuchaba, incapaz de consolarlo, porque no podía fungir como el padre de mi padre.
Una casa y muchos libros
Por ahora no tengo nada, apenas una leve esperanza que no acaba de nacer. Me digo que la vida me dará la sorpresa, que el camino por fin se me mostrará claro y ya no tendré que vivir en la encrucijada. Por ahora vivo una vida lenta, con pausas leves y momentos incipientes de aceleración instantánea y efímera
VUELTA A LA SEMILLA
Pienso que mis recuerdos son un ancla gozosa, una forma de tocar el suelo, de ser yo mismo. ¿Qué sería de mí sin el atávico conjunto de mis tristezas? ¿Sin la música tentativa de lo imposible? ¿Sin la desdicha que ahora me embarga el buen ánimo y la desolación que se instala en mi como compañera perpetúa? Nuestra historia de amor, si un día la hubo, lejos está del idea trágico y literario. No somos los personajes de una misma novela, no hay ningún otro capítulo que nos reúna. Somos letra muerta, palabras de un ayer que añoro, pero no una voz que hoy, ahora, lee poesía. Ya no es ella y ya no soy yo. Fuimos un largo suspiro.
Preferiría no hacerlo
¿Quieres ser escritor? Preferiría no hacerlo. Como Bartlebly, o acaso contrario a él, como el hombre rebelde de Camus, me rehúso a dejar de escribir aun a sabiendas de que escribir no tiene sentido como la vida. No habrá un lector que llegue hasta esta línea de esta página fatigada por un obstinado escritor que nada quiere decir