Saudade desplazada

No sé nada. Escribo porque ha sido mi promesa: escribir a pesar de mi incapacidad de escribir. Sería muy fácil abandonar la escritura para dedicarme a leer. No puedo, sin embargo, interrumpir estas dos actividades. Leer y escribir como condena gozosa, con vistas a la perpetuidad. El trabajo literario que no hace más que multiplicarse como el monstruo de las mil cabezas

Fuego con el juego

Esa era mi manera de jugar, mi descubrimiento primigenio del fuego. La relación estrecha con la eternidad que me precedía, con los primeros hombres que lo descubrieron —de algún modo alojados en mi ADN—, con el primer piromaníaco de la historia, un desconocido entre mis antepasados. Yo, heredero de su placer por ver arder las cosas, pero con el cuidado de que ese fuego no me consumiera.

Sobre la búsqueda

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, me llevó al reencuentro conmigo mismo. Después de un periodo donde mis lecturas me conducían a libros y a escritores más complejos; donde mi gusto se veía modificado y a su vez refinado sobre lo que la literatura aspira a ser: un arte por sí misma. Fue... Leer más →

La lluvia, la ausencia

Aprovecho este momento de calma. Este momento justo después de la tormenta que, a minutos de haber comenzado, me obligó a cerrar puertas y ventanas, no sin antes aspirar el fuerte aroma que la lluvia esparce al contacto con las calles. La tormenta, el caos más cercano y menos catastrófico se vuelve un espectáculo apacible... Leer más →

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