La niña creció, y con ella su innegable belleza, el verde más intenso de sus ojos y sus cabellos dorados como el oro. Sin embargo, pasada la adolescencia, la entonces joven se enferma, sufre de fatigas severas, no sale sino contadas veces de la cama, sin ánimos ni energías para moverse. Su madre se hace cargo de ella, de su inexplicable enfermedad, las tres comidas se las lleva a la cama, la ayuda a lavarse, la joven bella pero lívida como las paredes de los hospitales, ahora sí, blanca como la nieve si quieres, de tan enferma que estaba.