Saber que se sabe

Qué hubiera dicho Onetti de las escuelas de escritura creativa, vaya engaño para los idiotas, perro de la desdicha, hombres y mujeres sin talento para la mentira. Sé que Cortázar me golpearía con una silla al pedirle consejo, porque el verdadero escritor no pide consejos ajenos, sabe ya, dentro de sí, cuál es el camino que seguir. Dos herramientas fundamentales: la soledad y los libros, al que se le suma como intrusa la escritura. Tiempo para leer, tiempo para escribir y tiempo para corregir lo escrito. Tomar esa rutina como eterno retorno personal, tiempo para regresar y empezar de nuevo.

Dos sueños

Eso solo es posible en ciertos animales. Pensé en las peleas de gallos, pero la que yo presenciaba, con inaudita mudez y horror, era de hombres. ¿De dónde nace está escena de delirante muerte? El cuento de Borges se le parece, los enemigos a los que se les concede un duelo justo, degollados de parado y obligados por el odio mutuo a correr hasta el final de la línea, sin saber quién sería el vencedor

Discontinuidad de los parques.

Me puse cómodo en mi sillón, el único, de espadas a la puerta que me hubiera molestado con intrusiones no pedidas, dejé que mi mano sintiera con el fino tacto una y otra vez el terciopelo verde y me puse a leer los capítulos finales.

Cuando la acogedora llama del deseo y del amor invade mi subconsciente, personifico -unas veces consciente y otras inconscientemente- a toda entrañable mujer con tu imagen.

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