El viaje de ida

Poco me he dedicado al estudio y mucho a la lectura. Sé lo que se puede vivir en los libros, no aprendo más que lo que experimento a partir de una página bien escrita. Las palabras que me dan calor, que me dan oxígeno como unos labios a poco de un beso. Un poema que al leerse se saborea en la boca como un manjar diáfano y escurridizo. Para eso sirven las palabras, para provocar pasiones, sentimientos, ideas nunca venidas a cuenta.

El que escribe

Otras veces estoy cansado de escribir, de acumular montañas de letras, bultos pesados de papel atestados en mi biblioteca, compartiendo el espacio con los libros a quienes tanto le deben su existencia. Escribir no pocas veces parece la condena de Sísifo, empezar algo para no terminarlo —más allá del límite que me impongo— y comenzar otro día con un folio nuevo.

Desconocimiento

La mañana despejó la tristeza y el desasosiego. El día tenía una nueva razón de ser. Me llegó un libro de Borges, como un regalo especial hecho por alguien que conozco poco. Por eso he venido a estas páginas, para dar cuenta de que se es escritor escribiendo.

Se busca escritor

Pasajes de nada, de recuerdos, de ideas varias, que se acumulan sin tener un fin. Al menos no carecen de significado. Las páginas están llenas de mí en esta atmosfera del hogar displicente con la música clásica de fondo y el café de compañía unas veces, de accesorio otras tantas. Mentiría si dijera que necesito de cierta atmosfera para escribir. No siempre me hace falta el café o la música, pero de lo que sí requiero es del silencio cuando mi concentración es débil o del bullicio cuando las palabras me hablan con más fuerza, estridentes.

¿Qué soñaba?

Soy ese niño que a los tres años decide no crecer, vivir por siempre en esa edad mágica en compañía del tambor que le ha regalado su madre. Soy el niño del tambor, cuento mi historia a golpecitos, ¿me escuchan? No he dicho nada, pero parece que he mencionado algo no carente de importancia. Sigo el insensato camino del silencio, escritor de la nada, explorador del abismo. Tengo el talento no confesado de la reflexión durante la duermevela, la escritura consensuada en el infinito folio de la conciencia abocada el olvido. Lo mejor que he escrito reside ahí, en el abismal infierno al que me dejo llevar de la mano de mi personal Virgilio.

Escribir muy tarde

Para mí el oficio del escritor me parece el más grato, el que tiene sus recompensas aun antes de ser reconocido. Debe tener sus momentos complicados, de antipatía o de bloqueo, principales enemigos del oficio, ya que ningún escritor puede dormitar en sus laureles, escribir un libro o dos y renunciar a la literatura, convertirse en un amanuense tipo Bartebly, en un escritor del no. Pero los hay escritores que se duermen en sus laureles. Claro ejemplo el de Juan Rulfo, a quien dos libros le bastaron para entrar y formar parte de la Literatura Universal. Pero quién con el talento de Rulfo.

La palabra

De palabras es el caminar tambaleante hacia al baño, la sed que se instala la garganta al despertar, el frío del agua que baja y que pone en funcionamiento la máquina de la vida. Palabras los números, los cientos de palabras que tienden a la sencilla multiplicación, proliferación de caracteres, de símbolos cargados de significados luminosos.

Forzada escritura nocturna

Los recuerdos, inolvidables o no, acechan mi descanso, se aparecen como espectros durante la duermevela, se trasfiguran en narraciones oníricas de no despreciable valor literario. Sueños ora luminosos, eclipsantes; ora de profunda incomprensión, una penumbra delirante hasta lo terrorífico. Salgo del sueño, de lo que debería ser mi descanso, con el cuerpo lastimado.

Tiempo asesino

El miedo es mi sombra, el reflejo de mí mismo que me cuido de no pisar. El miedo está presente porque yo lo estoy. El miedo se quedará tranquilo en su sitio cuando deje de pensar en él, vendrá cuando haga falta, cuando la vida sea muy bella para ser verdad y tema que se acabé de un instante a otro.

07 de agosto de 2019

No se puede vivir así, permitiendo que la otredad se apodere de nosotros, y que poco a poco renunciemos a la vida propia que tantos años nos ha costado obtener.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑