Poco me he dedicado al estudio y mucho a la lectura. Sé lo que se puede vivir en los libros, no aprendo más que lo que experimento a partir de una página bien escrita. Las palabras que me dan calor, que me dan oxígeno como unos labios a poco de un beso. Un poema que al leerse se saborea en la boca como un manjar diáfano y escurridizo. Para eso sirven las palabras, para provocar pasiones, sentimientos, ideas nunca venidas a cuenta.
Simulacros
¿Se ha dado cita ahí y no el cementerio? ¿Ha perdido a un esposo, un amante? ¿Ha decidido hacer una parada en el lugar donde se conocieron antes de asistir al reciento del descanso eterno? Le interesa sobre todo el contraste, el vestido rojo como un coágulo de sangre sobre un fondo gris. ¿Hacia dónde mira la mujer? ¿En qué piensa? ¿Qué espera? No es una mujer joven, la edad se le adivina en las piernas, en el tipo de zapatos blancos y sin tacón, y en estilo del sombrero rosa con un moño de accesorio. Lleva un bolso que casi se confunde con el color del concreto.