«Pasado recóndito y dulce, el ayer de los años que nos precedieron, los allegados que nos legaron un porvenir a partir de aquello que vivir tiene de trivial y fortuito. ¿A quién debo este río retumbante de ideas que tiende a desbordarse?»
Fuego con el juego
Esa era mi manera de jugar, mi descubrimiento primigenio del fuego. La relación estrecha con la eternidad que me precedía, con los primeros hombres que lo descubrieron —de algún modo alojados en mi ADN—, con el primer piromaníaco de la historia, un desconocido entre mis antepasados. Yo, heredero de su placer por ver arder las cosas, pero con el cuidado de que ese fuego no me consumiera.