Mujer temerosa de Dios, siempre lo había sido, persignándose antes de traspasar el umbral de la puerta, cada mañana, la madre dándole también la bendición: con cuidado, hija, maneja despacio. Sí, mamá, no te preocupes. Y ya arriba del auto, después de ponerse el cinturón, se persignaba de nueva cuenta, se encomendaba a esa fuerza... Leer más →