Puso algo de música clásica y las primeras palabras nacieron. Cuán grato le fue el placer provocado por una pieza alegre, lejana, que le hizo la noche luminosa. No era el triste y melancólico Chopin esta vez, era una música que saltaba de alegría, que bailaba al paso de su escritura. Tres minutos le duró el encanto, la embriaguez, esa dulce borrachera
Sonrisas mexicanas
Un día sin escribir se vuelve un día perdido. Ayer el día voló entre una necesidad absoluta de dormir hasta el mediodía y esperanzas de hacer con mi día nada que valiese la pena. Me desperté temprano para despertarme tarde. Así fue como respiré el aire de la mañana, tomé cualquier cosa para calmar el... Leer más →