Fragmentos de un escritor

Ese ha sido siempre el problema: me cuesta ordenar mis ideas y darles una salida coherente. Por eso mi blog se llama Fragmentos de un escritor: porque soy un experto en el arte de no terminar nada de lo que escribo. No doy continuidad a ningún fragmento publicado. Todo lo dejo como sale de la imprenta virtual. Ya no me interesa cambiar nada, salvo alguna falta de ortografía o de sintaxis.

Sed

Por años, la botella fue como un crucifijo que pendía entre el deseo de vivir y el temor de la muerte. Cada noche volvían las pesadillas: la escena de aquel día fatal se repetía como aviso. Se despertaba sediento, deseando el agua con un fervor casi religioso. Lo veía vaciar el contenido, rellenarla, beber un vaso tras otro hasta que el cuerpo (agotado, insistente) decía basta, aunque la sed latiera todavía, molesta y débil

Un boleto de ida

El otro lado de mí sopesa el porvenir al que he renunciado, la vida del otro lado del espejo, ese hiriente hubiera, el qué habría pasado, qué vida tendría si no tuviese esta. Encontré una vez el consuelo en una cita de Pessoa: si me dieran un boleto de ida a cualquier lugar elegiría esta misma calle, esta misma vista y, en mi caso, la misma luz que anuncia el final de todo

El que espera

Me saludó a lo lejos, sin pormenores, con esa timidez fortuita de quienes no se ven todos los días, y para quienes un saludo efusivo resulta desatinado. Sus ojos brillaban con la misma alegría que el sol otoñal, mientras el viento indómito levantaba su falda larga. No pude apartar la vista de su piel blanca, salpicada de infinitas pecas provocadas por el sol del sur, ni de esas líneas de expresión ya marcadas en sus ojos a tan joven edad

Carta a un escritor que no escribe

Escribo desde la adversidad, desde mi fuero interno de no escritor, de escribidor de diarios sin forma, sin una notable prosa, con el denuedo irrisorio de quien escribe imaginando un futuro de triunfos y reconocimiento. No pocas veces la página escrita resulta una flagelación. Me declaro incapaz de escribir ficción, sin talento alguno para la escritura, un eterno principiante, de un éxito rampante para el mayor de los fracasos

Ocupar el tiempo

¿Es ese el camino correcto? Cesar Aira aconseja —sin ánimos de dar consejos— que el escritor novel deje de lado el ideal de escribir buenos libros, de dedicar toda una vida a una obra y que mejor opte por escribir, sin intención premeditada, malos libros, pues los buenos libros son numerarios y están en todas partes. Optar por la vanguardia, pues ella es la que tiene el veredicto inapelable del futuro. Cesar Aira es entonces el escritor que ha cavado su propia tumba de eternidad y gloria, su propio reducto donde no cabe nadie más que él. Con persistente y desinteresado denuedo por no figurar como un gran y no menospreciable escritor, Aira ha entrado por la puerta grande en el marco contemporáneo de la literatura que vale la pena leerse.

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