Saudade del yo perdido

Para mí, la escritura carece del carácter lúdico que le daba Cortázar. Para mí es casi una vocación de sufrimiento, de pesar por no lograr decir lo que albergaba mi mente. Empiezo con una frase, y a partir de lo que no sé, empiezo a hilvanar los finos hilos de la memoria

Fatigar los días

Papá se transformaba al beber, si bebe todavía, lo hace. Primero la euforia, pletórico de vida, diciendo sí a todo, mi aventurado padre, luego la agresividad, el insulto fácil contra su mujer y sus hijos, finalmente el derrumbe: un hombre arrepentido, hambriento de cariño, deseando morir. Yo lo escuchaba, incapaz de consolarlo, porque no podía fungir como el padre de mi padre.

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