Si su mamá supiera con quien iba a llegar no se lo perdonaría. No le diría nada. Ya le había mentido desde que compró el boleto de avión. ¿Pero qué no hay aeropuerto en tu ciudad de destino? preguntaba la madre impositiva. Sí, sí los hay, pero cuesta más caro: es más barato llegar a la capital y de ahí tomar un bus. La madre medianamente convencida. Con ese bueno, tú eres la que sabe. Te voy a extrañar mucho, tonta.