Mezclar falsedades

El traslado de un recuerdo al papel, a manera de ficción, no funciona como literatura si no se mezcla con falsedades. Nada de interesante tiene mi vida pasada escrita con el más estricto apego a los hechos. Para que la ficción funcione se necesitan tantas dosis de verdad —entendida como lo que ocurrió— como de mentira: aquello que nos hubiera gustado que pasara o que no pasara

El halago del tiempo

No llegué a buen puerto. Olvidé, con alguna incomodidad, gran parte del río caudaloso de palabras de duermevela. Mi pensamiento se hundió en la oscura bruma, dediqué cada palabra al alto fracaso, traje al perro negro conmigo. Me siguió a cada paso, dobló junto conmigo en cada esquina, lo vi sediento y yo me miré moribundo en el reflejo de sus ojos. En vano fatigué el camino de mis palabras, le di una caricia —más por descuido que por cariño— al perro negro, y moribundo, agonizante, me dirigí hacia una luz difusa, muy a lo lejos, con la idea insensata de morir en el intento, de que esa luz fuese un fuego abrasante, de que aquel fulgor fuese mi castigo, mi ruina, mi fin.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑