¿Por qué no terminar todo de tajo? Tenía que maquinarlo, hilvanar los hilos sueltos de sus ideas, encontrar la forma menos dolorosa. No hoy, tampoco mañana, no ahora que él duerme después del vuelo de once horas. Pero lo tenía claro: aquello debía terminarse. Faltaba tiempo, reflexión, andarse con cuidado, no por las ramas de la conmiseración
El día que no supe quién era
Leía por placer, no para crear. La imaginación me bastaba. Veía desfilar imágenes; sentía la felicidad y la tragedia. Vivía más allá de mi casa humilde, de ese pedazo de mundo donde me tocó nacer. Recorrí el mundo a través de páginas: los libros como mariposas de alas infinitas. Crucé fronteras, conocí países, mentes, personas. Hablé con los muertos: prestidigitador torpe, nigromante que dialogaba con otras almas.
Quedará escrito
Así escribí un cuento hace mucho: el de un hombre moribundo, un remedo de Artemio Cruz, que ve a la muerte y habla con ella. Le dice que está listo, que la esperaba incluso antes de la llegada del dolor, antes de contar los minutos que le quedaban antes del último aliento. Un hombre sin miedo, que durante años se dedicó a negarla, a vilipendiarla y evitarla, pero que ahora ahí estaba, como amiga, como acompañante hasta donde sea que llevase el camino. La muerte como última guía por calles desconocidas, hasta el destino final, el lugar de donde venimos, donde todo es silencio y oscuridad, donde el yo se esfuma porque ya no tiene nadie en quien reflejarse.
Donde hubo fuego silencio queda
¿La he perdido? Todavía creo, con la ingenuidad del amante abnegado, que volverá con un mensaje de añoranza inclinado a la disculpa. Me hablará —quiero creer— del amor todavía presente, a prueba del tiempo y la distancia. Quién sabe. Acaso lo mejor sería la resignación, festejar en silencio lo sucedido, y pasar de largo, dejar el amor de mi vida en ese pasado menesteroso, en el lugar de lo que pudo ser. Ya no volver a la semilla, rechazar todo intento de recuperar los años perdidos
Desmemoria
Hoy, además de ser lector, he podido ser escritor. Nadie puede arrebatarme este triunfo, esto formará parte de la infinita corrección de mi vida, de la retrospección, de un pasado que por escribirse se vuelve olvido. De esto no me voy a acordar en una semana, esto pasará como la lluvia, como el atardecer, como la música de piano de fondo. Guardo aquí lo que mi memoria se dispone a borrar
El olvido de escribir
Dos autores distantes y con sendos libros a la mano coinciden en la importancia del olvido. El primero, Pessoa, habla de la literatura como un arte para desprenderse de sí mismo, olvidarse, distraerse con la tan falsa como verdadera sensación de sentirse otros, pensar en otras mentes. La literatura entonces es un dulce enajenamiento, un viaje como el que se hace cuando se sueña, la elevación del ser más allá de sí mismo: ser otredad. El segundo, Cesar Aira, está conforme con el olvido, despertarse seguro de haber soñado, como sensación física, pero con un gran hueco en la memoria.
La isla
Lo admito, muchas veces la tarea de escribir se vuelve eso, una tarea, una obligación y eso no provoca verdaderamente placer. Escribir debería provocar un placer desmedido, teclear cada letra debería llevarnos a un paso más cerca de lo sublime, donde todos los sentidos se vuelven uno solo y la muerte deja de importarnos y... Leer más →
Esteban y el olvido
Unos venían porque los llamaba la vocación, servir a Cristo y a su Iglesia, jóvenes fervientes, dispuestos a seguir el camino de la mano del Señor; los había también motivados por la familia, el tío que fue sacerdote, el primo que estaba por terminar los estudios en el seminario. Lo más numerosos eran aquellos jóvenes perdidos, no muy seguros de lo que querían, pero que los estudios en el seminario significaban el natural paso del hospicio, internado u orfanato.
Madre intermitente
Ahí está mi madre, inmóvil, mirando hacia el techo, despierta desde temprano, porque hay cosas que no se olvidan, que no se pierden, los hábitos guardados en otro lugar lejano a la memoria. Y yo en el umbral de la puerta, el desconocido al que ella le tiene confianza, mi tentativa diaria por traerla de... Leer más →
Entrada sin salida
Sucede que los recuerdos no llegan solos, sino que son traídos por una lectura importante o cualquiera. Para mí son casi siempre las palabras las que despiertan los recuerdos dormidos de la memoria; para otros puede ser que un aroma, una imagen o una canción enciendan una luz en el recuerdo, muestre un momento de... Leer más →