La historia se me fue de las manos. Hablaba de vidas similares, de niños huérfanos, y la historia de mi abuela se abrió paso con su desgracia nunca compartida. Yo, tan solo testigo semanal de su sufrimiento. Si tan solo mi abuela hubiese escrito, contado su juventud, su vida adulta en cartas… Pero esta familia no deja nada para la posteridad, sino el caprichoso y cambiante recuerdo. Quizá por eso escribo: para que en esta familia alguien rompa el silencio que los unió.
La afrenta
Naturaleza frágil la del ser humano, buscador fehaciente de sentido, adolece de confianza en sí mismo. No se puede ser tan egoísta, debe cavilar, por lo que se inventa un Dios, el ser supremo que lo puede todo, que venga a eximirlo de la culpa. Así, el hombre, abocado en sí, confía su día a... Leer más →