La mujer, a la que no quiero darle nombre, evoca una locura subrepticia. Su discurso anda en un vaivén entre la extrema lucidez de los locos y la agonía sincera de los que aprecian la vida hasta su fin.
Imposturas
La mujer, a la que no quiero darle nombre, evoca una locura subrepticia. Su discurso anda en un vaivén entre la extrema lucidez de los locos y la agonía sincera de los que aprecian la vida hasta su fin.