De lo que no se escribe

Vana es la búsqueda fuera, todo está dentro del escritor, el abismo vertiginoso, la gloria incandescente, la medianía resistente y disparatada. Es adentro donde la búsqueda debe tener lugar, perderse por estrechos laberintos, el espejo de recuerdos y lejanías, de amores y desencuentros. Todo está entreverado en el lento sentir del escritor, en su memoria maldita y azarosa, presa del deseo de guardarlo todo. Se trabaja con la inimaginable piedra de la memoria, con el cincel de tiempo, las manos dolorosas y la vista cansada. El oficio del escritor tiene como propósito la traducción abigarrada del alfabeto que compone una realidad difusa, no dada, intercambiable. Se tiene el regalo de la memoria, pero esta es egoísta cuando pretende guardarse en olvido los momentos más felices

Fin a la cordura

Sábado Hola, ¿vives? No veo nada, no quiero encender la luz por miedo a dejarte ciega. Escucho que todavía respiras. No te has ido. Me doy cuenta de que el guardia de tu celda no se ha dejado chantajear por tu belleza que parece apagarse cada día, y que ha cumplido de manera fiel la... Leer más →

Desenlance

Esa noche, de regreso a casa después de haber cenado fuera, Alberto sintió el deseo incontrolable de hacerle el amor a su mujer. Al bajar de su auto, justo al cruzar el umbral de la puerta, y encontrarse con ella, la besó a mansalva, abrazándose a su abrazo, colmándola de caricias que le recordaban a... Leer más →

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