Vuelvo a la imagen conjetural de la próxima vejez, del laberíntico andar por hospitales de paredes blancas, secretarias indolentes, médicos cansados y enfermeras de falsa cortesía. Se me verá distinto, se me hablará más fuerte, la presunta idea de que el señor ya no escucha bien. Andaré solo, pues no tendré hijos, mi mujer nunca quiso tenerlos, y yo me acostumbré a la vida de dos que se aman
Ya no es lo mismo
La calma no llega, es la inquietud la que lo atraviesa. En eso ocupa el pensamiento, prisionero de su propia casa. «Esto nunca se va a terminar, la gente es indolente, caminando fuera, por las calles como si nada, cuando estamos en guerra. Sí, en guerra contra un enemigo común e invisible». Trata incluso de... Leer más →