Aquí no pasa nada

Aquí no pasa nada, o es que pasa tanto que el todo es fácil desapercibido. Las grandes ciudades son así, uno se atrinchera en su apartamento y se entrega con gusto al olvido necesario del exterior. Cierro la puerta detrás de mí y enseguida renuncio al mundo y su fatigosa realidad. Apenas entro a casa se me otorga la libertad anhelada, la impunidad que dura pocas horas antes de que el mañana con sus obligaciones me saque de mí mismo.

Contra el encierro

Vi a un hombre llevar a dos pequeños: uno de la mano y otro en un coche de niño. Iban los tres camino a casa, el padre como único guía y alcoholizado a grandes luces. Minutos después, lo encontré aún en la misma calle, tambaleándose entre charlas de hombres de su mismo talante. Los niños, silenciosos, esperaban. Seguí mi camino, imaginando un futuro en que los hijos no repitieran el destino del padre.

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