Jueves

Jueves 22/septiembre/2022

Piedra negra sobre piedra blanca. Piedra blanca sobre piedra negra. Me moriré un jueves, decía el yo poético de Vallejo como si no fuese él. Un jueves porque el viernes parece sentencia y el sábado es de gloria. ¿Y la resurrección?

Mi padre murió un jueves. Estuve al pie de su cama, dándole la espalda a la muerte que no tenía tiempo para los adioses, custodiando sus últimas horas, no sé cuántas, dijo el médico, pero le queda muy poco. La muerte ya lo sabía, se le subía por los pies, se los pintaba de negro. Papá no sentía ya dolor, era lo que nos decían, estaba dormido, con suerte en un sueño alegre, lejano pero con contacto sonoro —nos decían— con el reino de este mundo. El cuerpo de papá se veía consumido por las largas horas de espera sin sanación, agotado, acaso —por qué no— sediento, los labios abiertos, como si fuese cierto que el alma se escapa por la boca. Estuve ahí, inmóvil, de nada me servía contener el llanto. De vez en cuando, durante esos cuarenta minutos de despedida, le tomaba la mano, le acariciaba la frente febril, síntoma de vida. ¿Necesita más tiempo con su padre a solas? me preguntaron, y yo le dije que no, que estaba bien, que de todas formas uno no deja de decir adiós.

En la sala de espera nos llegó la hora: 1:35 pm, la hora exacta en que el corazón de papá dejó de latir, su padre, dijo el médico en turno, lamentablemente ha fallecido. Le pedimos que nos dejara verlo, sin saber ya para qué, acaso como un síntoma leve de incredulidad. Papá guardaba todavía el calor de la otra vida en sus manos, en su pecho, en su frente. El cuerpo de papá se cubría lente, de los pies a la cabeza del amarillo de los tigres mientras su rostro se ensombrecía. Papá culminaba toda una vida, la dotaba de sentido con su final.

Mi padre por fin descansaba.

Sábado 24/septiembre/2022

Daba gusto ver a la innumerable familia reunida. Los muchos familiares, amigos y conocidos. Si mi padre tenía algún defecto, era que sentía tanto amor por su familia que no sabía cómo expresarlo.

Todo mal pronóstico se había cumplido. Un día antes habíamos decidido que la hora de la resignación había llegado, sin embargo papá no nos dejó con el remordimiento posible de la última palabra, él había decidido el momento de la partida, su propia salida. La lucha estaba hecha, se hizo lo que se pudo, hijos míos, ya ven que su papá no es tan fuerte, que es tan humano y frágil como todos.

El día del funeral daba orgullo el halago, casi un consuelo al decirme eres la viva imagen de tu padre, porque de esa forma él podía vivir a través de mí. Nunca pudimos medir nuestro amor porque era infinito.

El cuerpo de mi padre ausente, sus restos mortales no causaban tanta conmoción como los objetos que utilizaba a diario y las cosas inacabadas. En su lugar de trabajo había dejado solitaria una caja de cigarros con el último sin acabar como si hubiese sido una apuesta del regreso; dejó también unos chocolates que se comía uno a uno, con la prudencia de quien tiene diabetes. Quedaba también la silla alta de siempre, unas alicatas y una mínima lámpara portátil. Ese entorno, con todas sus cosas, tenía más de mi padre que el ataúd impersonal. Lloré entonces sin consuelo por las cosas que sin él dejaban de tener sentido de ser. Recordé el tiempo que pasamos juntos en ese pedacito del mundo, cuando se recostaba para tomar la siesta dejándome a cargo porque, aunque nunca lo admitía, el trabajo era cansado. Puedo decir que pasó sus mejores años sentado en esa silla alta, no menos de diez horas al día, sin apenas descanso, los últimos años quedándose dormido sin darse cuenta, voy a descansar unos minutos los ojos, pensaba y enseguida se quedaba dormido sin darse cuenta.

Domingo 22/septiembre/2022

Ya no caminará esta calle solitaria de noche, ya no verá estas estrellas, ya no respirará profundo este aire. Tampoco escuchará la garúa constante de esta noche ni tampoco sentirá el aroma a tierra mojada que deja a su paso. Todo se lo robamos, dice el poema de Borges, no le hemos dejado ni un color ni una sílaba, nos hemos repartido como ladrones el caudal de las noches y de los días.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑