Acerca de este blog

Este blog no pretende salvarte la vida. Tampoco la mía. Pero si hay suerte —y algo de ritmo—, quizá nos permita demorar un poco más la caída.

Aquí escribe un mexicano extraviado en el tiempo y reencontrado en Lyon. No llegó a París con la esperanza de encontrar una fiesta, pero sí con el escepticismo suficiente para saber que todo paraíso es, ante todo, una construcción verbal. París fue el telón, pero el escenario resultó ser otro: una ciudad de pasos intermedios, de puentes colgando entre dos lenguas, entre la costumbre y el deseo, entre lo que se escribe para vivir y lo que se vive para escribirlo.

Este no es un blog con tesis, ni con programas literarios. Es un intento —a veces vano, otras obstinado— de atrapar en palabras lo que escapa por las rendijas del día. No busca likes ni algoritmos; busca, con suerte, un lector que se reconozca en el hueco de una frase, en la torsión de un recuerdo, en el vértigo de una imagen.

Lo que aquí se publica no obedece a un orden —¿y quién dijo que la vida lo tiene?—. Los textos aparecen como aparecen los recuerdos: a destiempo, sin invitación, con el tono inadecuado. Se escribe desde una compulsión más que desde una vocación, porque como dijo un tal Ricardo alguna vez: leer es la vida misma; escribir, su consecuencia obstinada.

Lector de vocación tardía —aunque a los 15 ya era tarde para todo y temprano para casi nada—, este bloguero acuchilla libros con la esperanza de absorberlos. Como un vampiro que no busca la eternidad, sino apenas un instante con sentido. Escribe para no ahogarse, para registrar las corrientes subterráneas del día, para construir un lugar donde lo íntimo y lo ficticio puedan darse la mano sin pedir permiso.

Si has llegado hasta aquí, no esperes manuales ni verdades, pero sí fragmentos, simulacros, escenas, voces que se cruzan. No es poco. Tal vez sea todo.

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