Vive

Tengo deseos a muerte de contar lo sucedido porque no tuve que vivir para contarlo. El más allá, ese lugar entre el cielo y el infierno me trajo de vuelta a estas páginas blancas que me interpelan, exigen que cuente la historia de cuando me fue arrebatada la vida. Estoy aquí porque tuve que morir... Leer más →

Lápida

Le he perdido el gusto a las cosas de la vida, a las cosas que la gente, en su gran mayoría, consideran dignas de vivirse. No significa que yo haya perdido el gusto por vivir, sino que encuentro placer tan solo en unas cuantas actividades carentes de significado para los demás. Hoy me siento abatido,... Leer más →

La isla

Lo admito, muchas veces la tarea de escribir se vuelve eso, una tarea, una obligación y eso no provoca verdaderamente placer. Escribir debería provocar un placer desmedido, teclear cada letra debería llevarnos a un paso más cerca de lo sublime, donde todos los sentidos se vuelven uno solo y la muerte deja de importarnos y... Leer más →

Esteban y el olvido

Unos venían porque los llamaba la vocación, servir a Cristo y a su Iglesia, jóvenes fervientes, dispuestos a seguir el camino de la mano del Señor; los había también motivados por la familia, el tío que fue sacerdote, el primo que estaba por terminar los estudios en el seminario. Lo más numerosos eran aquellos jóvenes perdidos, no muy seguros de lo que querían, pero que los estudios en el seminario significaban el natural paso del hospicio, internado u orfanato.

Tumba vacía

El cartero ya no pasaba, no en el campo, no tan lejos de la ciudad. Tampoco Clara guardaba esperanzas, se le habían ido como se van los días, los meses, los años. Lo que sí guardaba y cuidaba más que a su ya frágil vida, era la vida de su hijo, el único, ya tan... Leer más →

El último viaje

La mitología parece encarnada en la psique humana, reproducida en todos los modelos del mundo occidental y oriental contemporáneo como un eco, un lazo indestructible aunado a la antigüedad. Mitos fundacionales le dan forma a la realidad que se vive, formas deliberadas o no de arte se basan siempre en algo, en un modelo inalterable en su ser pero que cambia de forma o de atavíos.

Alguien ha escrito.

Frente a mí tengo las fotografías de personas muertas. En la primera está mi padre joven, difunto de su yo anciano, muerto para el porvenir hace poco. En sus brazos un niño sonríe a la cámara, sin saber por qué. Ese niño de no más de un año es mi yo primerizo y también difunto. En la otra foto soy también yo, pero un yo que dejé de serlo. Soy sucesiones de difunto.

Esteban y el olvido.

Eran pocos los que había venido por iniciativa propia, las campanadas de la capilla del seminario anunciaban el mediodía, venían solos, los más afortunados en compañía de sus padres. Unos venían porque los llamaba la vocación, servir a Cristo y a su Iglesia, jóvenes fervientes, dispuestos a seguir el camino de la mano del Señor;... Leer más →

Discontinuidad de los parques.

Me puse cómodo en mi sillón, el único, de espadas a la puerta que me hubiera molestado con intrusiones no pedidas, dejé que mi mano sintiera con el fino tacto una y otra vez el terciopelo verde y me puse a leer los capítulos finales.

Resucitar

Me desperté con el ritmo cardiaco a contrapaso, la sensación de que estaba en otra parte, mi propia tumba, a donde era llevado inconsciente entre sueños, el momento en que mi atroz asesinato tenía lugar. Me levanté con miedo, me dirigí a oscuras hacia la cocina contando los pasos, uno, dos, tres… doce en total, rozando la pared con las manos hasta llegar al marco de la puerta que me indica que mis pasos siempre son precisos.

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