El halago del tiempo

No llegué a buen puerto. Olvidé, con alguna incomodidad, gran parte del río caudaloso de palabras de duermevela. Mi pensamiento se hundió en la oscura bruma, dediqué cada palabra al alto fracaso, traje al perro negro conmigo. Me siguió a cada paso, dobló junto conmigo en cada esquina, lo vi sediento y yo me miré moribundo en el reflejo de sus ojos. En vano fatigué el camino de mis palabras, le di una caricia —más por descuido que por cariño— al perro negro, y moribundo, agonizante, me dirigí hacia una luz difusa, muy a lo lejos, con la idea insensata de morir en el intento, de que esa luz fuese un fuego abrasante, de que aquel fulgor fuese mi castigo, mi ruina, mi fin.

De vuelta

Esta noche los sueños tuvieron espeluznante motivo, la tentativa atroz de llevarme de regreso a los años de mi infancia. Una época no carente de recuerdos, pero sí difíciles de traer de vuelta. No sé a partir de qué están motivados mis sueños. Puede ser a partir de un aroma, de una imagen, del dolor... Leer más →

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