Pues qué tantas palabras puedo decir

Mi padre, sin proponérselo, una noche de fin de año, nos dejó un mensaje para nuestro consuelo. A más de un año de su muerte corporal se ha vuelto recuerdo imperecedero. En el video se le ve feliz, el ánimo alebrestado por unos cuantos tragos de cerveza, y mi hermano le pide —sin saber que ese video sería hoy una reliquia invaluable— que diga unas palabras. Y papá dice, con esa timidez suya: pues qué tantas palabras puedo decir si ya han dicho todo. Yo lo que quiero es que, así como estamos ahorita, estemos siempre unidos; que Dios nos preste vida y que la paz, la felicidad y el amor mutuo nos brinde con toda su misericordia. Y que seamos todos muy felices: ¡feliz año nuevo!

El lugar de tu sueño

Cuando volví a entrar, ya lo peor había pasado. Ya no sufrías, papá, porque ya no podías sentir dolor, porque el dolor es algo terrenal y tú ya no pertenecías al reino de este mundo. Me encontré con lo que ya serían los restos de ti. Tan solo el cuerpo que ya no respira, que lento se cubre de un color amarillo que yo me empeñé en robarle la idea a Borges y decir que era el amarillo de los tigres, el oro de los tigres. Te tomé de la mano para que no cruzaras en solitario hacia el otro lado, papá, porque una parte de mí se iba contigo, te acompañaba en ese viaje a la otra vida como hizo Virgilio con Dante

Una promesa sin garantía

El vértigo no es el miedo al vacío sino el deseo de caer, que esa caída no se termine, que el vacío sea la caída incesante y no el final. He aceptado mi eterno retorno, la vida con sus virtudes y sus ofensas; sus recompensas y sus golpes. Si volviera a nacer tomaría las mismas decisiones para que me llevasen a la misma calle, a la misma noche de todos los tiempos

Todo me cansa

Nos vimos una segunda vez como tentativa de recuperar el tiempo perdido, para darnos cuenta si la pasión prevalecía, si no había sido un juego de niños. Ambos descubrimos, primero ella, que ya nada quedaba de la pareja de antaño, los besos ya no sabían igual; me dio un libro como regalo de cumpleaños y de despedida. Luego ya no nos vimos, nos intercambiamos silencio por silencio, mi último mensaje de agonía y ella de indiferencia

¿Entonces cuándo?

La noche larga se nos hizo corta, el primer beso de despedida, explosión de recuerdos, pasado y presente conjugados en minutos hacia el futuro. Beso cada vez más largo, cuerpos agitados, latidos a destiempo, suspiros del primer amor quebradizo. Nos miramos palpitantes, trastocadas por el mañana imposible, esta noche no, pero ¿entonces cuándo?

Diáfana

Mis manos que ya no te dibujan, que ya no tocan el borde de tu boca. ¿Jugamos al cíclope? Sentencia pasada y presente. Qué es hoy sino la acumulación de los ayeres, la substancia del ayer. Tiempo, se nos debe tiempo, representación móvil de la eternidad. ¿Hasta cuándo? Hasta que me decida a ventilar la casa del tufo amargo y dulzón de nuestro amor con miras a lo eterno.

Un cuaderno

D. me miró a los ojos luego de mi beso de adelantada despedida. Sacó de su bolso un cuaderno de cuero, dentro una carta que leí al instante, una declaración de amor sin fronteras, un amor de puentes colgantes entre países, su infinita confianza en mí para que agotara las páginas de ese cuaderno, para que cumpliese mi inseguro propósito de ser escritor, ella como mi primera lectora. No lloré porque no era momento de llorar, porque nos íbamos a volver a ver, porque no era exagerado decir que la pasión iba a prevalecer, que la renovaríamos con el fuego encendido de tanta ausencia

Variaciones

No es un día como ayer, él lo siente como si una fiera lo esperase detrás de la puerta, lista para darle una mordida de sorpresa, de regreso a la vida común. Hay algo en el ambiente que acecha como el deseo por cumplirse del niño que cree en los milagros. En el apartamento se respira el mismo aire, el entorno no ha cambiado, no se ha molestado en gastar en adornos superfluos, en un árbol de navidad con sus esferas y sus luces. Aquí no se festeja la Navidad, dirán los que se asomen a la sala, aquí se respira la desolación de un hombre cansado, ocupado en otros menesteres más urgentes que la fiesta de esta noche

No es un secreto

Me niego a olvidarla, a cambiarle el nombre, me acostumbro a su vacía presencia que lo llena todo. Es ella esa luz de un día en que mi corazón apesadumbrado se contrae, caída libre de un pensamiento suicida. Es entonces cuando resisto, me pronuncio por el hartazgo, desdeño mis libros, mis cuadernos, la vida que no se parece a como la había imaginado. Y luego esto, la escritura que no me lleva a ninguna parte, la página que no se llena, difícil de llegar al limite propuesto

Cartas y despedidas

Sus líneas carecían de confianza, se percibía el miedo a equivocarse, no estar a la altura —si así se puede decir— de lo que yo escribo. Parece que en el amor existe la competencia, la rivalidad decorosa entre los amantes por estar siempre a la altura del otro. Sus palabras dudaban de que no resultasen suficientes, me decía que mi voz se parecía a la de otro hombre, con nombre y apellido, y enseguida la describía como calma, educada, grave

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