Esa era mi manera de jugar, mi descubrimiento primigenio del fuego. La relación estrecha con la eternidad que me precedía, con los primeros hombres que lo descubrieron —de algún modo alojados en mi ADN—, con el primer piromaníaco de la historia, un desconocido entre mis antepasados. Yo, heredero de su placer por ver arder las cosas, pero con el cuidado de que ese fuego no me consumiera.
Un boleto de ida
El otro lado de mí sopesa el porvenir al que he renunciado, la vida del otro lado del espejo, ese hiriente hubiera, el qué habría pasado, qué vida tendría si no tuviese esta. Encontré una vez el consuelo en una cita de Pessoa: si me dieran un boleto de ida a cualquier lugar elegiría esta misma calle, esta misma vista y, en mi caso, la misma luz que anuncia el final de todo
Hablar solo
Qué fácil se dejó llevar por el consuelo de una ensoñación, por los abrazos que duraban un segundo, un beso de labios lejanos. La vio partir como felicidad, le dio un libro para que no olvidase su nombre, para que cada palabra le sonara a él. Ha sido tantos hombres, menos aquel con quien ella ha desfallecido de amor
Insolación
Se convirtió en parte de su atuendo y ya sus padres no le daban mayor importancia, si le hacía sentir seguro y le permitía vivir, ¿por qué impedírselo? La botella de agua, de medio litro, era su reserva y no la bebía a menos que no tuviese otra fuente de hidratación a la mano. Era más bien un arma contra la muerte y su sentencia, que sin dudas le dijo que se iba a morir de sed, deshidratado en una tierra seca, en un monte lejano, sin nadie que le ayudase a sobrevivir.
Simulacros
¿Se ha dado cita ahí y no el cementerio? ¿Ha perdido a un esposo, un amante? ¿Ha decidido hacer una parada en el lugar donde se conocieron antes de asistir al reciento del descanso eterno? Le interesa sobre todo el contraste, el vestido rojo como un coágulo de sangre sobre un fondo gris. ¿Hacia dónde mira la mujer? ¿En qué piensa? ¿Qué espera? No es una mujer joven, la edad se le adivina en las piernas, en el tipo de zapatos blancos y sin tacón, y en estilo del sombrero rosa con un moño de accesorio. Lleva un bolso que casi se confunde con el color del concreto.
Sobre la búsqueda
La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, me llevó al reencuentro conmigo mismo. Después de un periodo donde mis lecturas me conducían a libros y a escritores más complejos; donde mi gusto se veía modificado y a su vez refinado sobre lo que la literatura aspira a ser: un arte por sí misma. Fue... Leer más →
La lluvia, la ausencia
Aprovecho este momento de calma. Este momento justo después de la tormenta que, a minutos de haber comenzado, me obligó a cerrar puertas y ventanas, no sin antes aspirar el fuerte aroma que la lluvia esparce al contacto con las calles. La tormenta, el caos más cercano y menos catastrófico se vuelve un espectáculo apacible... Leer más →
6 de agosto
Me apresuro a escribir estas líneas entre un estado absorto y aturdido. Las escribo con la esperanza de llegar a un final concreto, con la desesperación latente por no perder las palabras o perder la historia que en menos de un instante en mi cabeza se ha escrito. Trato de escribir lo más importante, lo... Leer más →