El Equilibrista

Ella no dudó en responder a los pocos minutos: sí, he recibido tu mensaje, me ha dado un vuelco al corazón. Repite esa palabra, la sabe suya; él nunca la utilizaría. Lo suyo se reduce al corazón que late a destiempo, al suspiro que corta la respiración y a los latidos salvajes del amor loco —o los imperceptibles del sosiego o la tristeza—. Pero Clara sintió un vuelco al corazón, se sintió desconcertada, y se hizo la pregunta: ¿para qué me ha escrito?

Lo que fue presente

Y hoy escribe palabras de arrullo, palabras dormidas, de ensueño, porque mañana se me vedan las horas, se terminan mis dos de insuficiente descanso, se lamenta a la vez que escribe, deja huella de su gran infortunio. En vano intentó concentrarse en las páginas de un libro sencillo, seguir el ritmo gradual de la lectura, dejarse ir poco a poco, entre líneas, para ya no estar consciente de estar leyendo. Estuvo, sin embargo, orgulloso de sus tres páginas memoriales, las de su diario que no termina, aquello que fue presente

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