Dos cuentos

Me quedo con la imagen del apartamento de Borges, donde vivía con su madre y su mucama, y con su modesta biblioteca que nunca guardó los libros escritos por él, porque a esos libros no hacía falta leerlos sino tan solo recordarlos. Me digo que entonces mi biblioteca es más numeraria que la de Borges, pero mi memoria no es ni un ápice como la suya. No recuerdo todo, en realidad olvido mucho y no hago listas; tampoco memorizo poemas o algún capítulo de un libro. No pasa nada fuera de este sillón y esta taza de café de la mañana que tiende a repetirse, si no es muy tarde, hacia el atardecer

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