Pero bien sé que las cosas no son así, que, como yo hice, primero es el diagnóstico y después se resuelve el problema, me dará cita para un día o dos después, y problema no resulto hasta que venga con todo lo necesario.
Soslayar
Pero ella sabe que la traición tiene un sabor dulce cuando se es el ejecutante y no la víctima, sabe que se deja llevar por un deseo desde hace años contenido, y que la mejor forma de librarse de esa espinita —como ella le dice— es rozándola, sangrar un poco por su culpa.
Un mirar desolado
Samantha le había enseñado a rescatar los sonidos de la tarde, las voces entre las angostas calles de barrios paupérrimos, pasadas y presentes, a partir de su voz de entrañable pureza. No olvidaría lo mucho de sorprendente y maravilloso que tenía la casa de Samantha entre dos terrenos baldíos, como una casita de juguete que hace poco había abandonado el techo de lámina por uno de concreto, donde ella y su madre vivían en un cuarto con ventana a la calle esperpéntica, rescoldo de una alegría antigua.
Escribir muy tarde
Para mí el oficio del escritor me parece el más grato, el que tiene sus recompensas aun antes de ser reconocido. Debe tener sus momentos complicados, de antipatía o de bloqueo, principales enemigos del oficio, ya que ningún escritor puede dormitar en sus laureles, escribir un libro o dos y renunciar a la literatura, convertirse en un amanuense tipo Bartebly, en un escritor del no. Pero los hay escritores que se duermen en sus laureles. Claro ejemplo el de Juan Rulfo, a quien dos libros le bastaron para entrar y formar parte de la Literatura Universal. Pero quién con el talento de Rulfo.
Vive
Tengo deseos a muerte de contar lo sucedido porque no tuve que vivir para contarlo. El más allá, ese lugar entre el cielo y el infierno me trajo de vuelta a estas páginas blancas que me interpelan, exigen que cuente la historia de cuando me fue arrebatada la vida. Estoy aquí porque tuve que morir... Leer más →
Uso práctico del tiempo
El hijo de mi madre practicaba, desde muy corta edad, la egolatría como defensa del ser, el menosprecio a la otredad, una leve misantropía que le auspiciaba una fortuita soledad. No lo sabía, pero cada libro leído le otorgaba la experiencia lectora y no menos profunda que la de la vida real, de otras vidas. Comenzó siendo uno solo para multiplicarse, ser uno y ser distintos. Desde esa edad, en que la lectura se volvió su primicia de vida, ya nada humano, insustancial, le pareció digno de interés.
Inevitable saudade
Cargaba con una pena irreversible, la pérdida de un amor prematuro, la idea tan esperanzadora como tardía de recuperarlo a toda cosa, mañana, muy pronto. La luz del caer de la tarde me llevó a confines no deseados de mi memoria, me hundió en un recuerdo doloroso, una calle ya vacía y oscurecida donde pudo haber terminado mi vida. Yo fui otro, fui tantos y no fui quien quise ser
Forzada escritura nocturna
Los recuerdos, inolvidables o no, acechan mi descanso, se aparecen como espectros durante la duermevela, se trasfiguran en narraciones oníricas de no despreciable valor literario. Sueños ora luminosos, eclipsantes; ora de profunda incomprensión, una penumbra delirante hasta lo terrorífico. Salgo del sueño, de lo que debería ser mi descanso, con el cuerpo lastimado.
Amanecer violeta
Amanecer violeta. Frio que ya no se siente: el viejo radiador ha hecho su trabajo. Se me ha ido la noche entre mis tres páginas y la alabanza a la vida. Sigo vivo, —escribía— tratando de descifrar los preceptos del azar, por qué ella y no yo, por qué tantos otros y no yo. Uno... Leer más →
07 de agosto de 2019
No se puede vivir así, permitiendo que la otredad se apodere de nosotros, y que poco a poco renunciemos a la vida propia que tantos años nos ha costado obtener.