Pues qué tantas palabras puedo decir

Mi padre, sin proponérselo, una noche de fin de año, nos dejó un mensaje para nuestro consuelo. A más de un año de su muerte corporal se ha vuelto recuerdo imperecedero. En el video se le ve feliz, el ánimo alebrestado por unos cuantos tragos de cerveza, y mi hermano le pide —sin saber que ese video sería hoy una reliquia invaluable— que diga unas palabras. Y papá dice, con esa timidez suya: pues qué tantas palabras puedo decir si ya han dicho todo. Yo lo que quiero es que, así como estamos ahorita, estemos siempre unidos; que Dios nos preste vida y que la paz, la felicidad y el amor mutuo nos brinde con toda su misericordia. Y que seamos todos muy felices: ¡feliz año nuevo!

El que sueña

Fui testigo del fugaz desgaste de mi padre, de sus últimos días en terapía intensiva. Estuve cerca de él sin saber qué decir, con el miedo a perderlo de repente. Me dolía verlo inmóvil, sedado, impotente. No era sin embargo la imagen de un padre frágil, sino de un hombre incansable, que resistía con fuerza sobrehumana los embates inmisericordes de la muerte.

Cavilaciones hacia el final

El inferno tan temido se vuelve confortable, hecho a la medida de su cielo personal donde el fuego no quema sino que basta apenas para calentar la habitación de paredes mortecinas tan fría esta mañana. Se sabe con el tiempo contado. Se sabe finito porque ha visto a la muerte de cerca. La vio en la sala de espera del hospital donde su padre agonizaba, sin ninguna prisa, seguro de que la hora estaba cercana

Un año menos.

Hay dos muertes, ambas como ausencia. Cuando el amor se termina, el otro muere, se transforma en otro ser que ya no reconocemos. Se siente la ausencia, la fúnebre sentencia, y se sufre porque se le sabe vivo, sin posibilidad de dar vida al amor de antaño. ¿Y el padre que muere? Con los padres también se tiene una relación de amor, el primer amor de la vida. Me decía que no hay consuelo para la muerte de un padre o de un hijo, tampoco para la muerte de la persona compañera de vida. No me parece sin embargo acertado comparar la muerte de un padre con el término de una relación amorosa, pero sí es el final de un historia de amor, hilvanada desde la infancia.

18 de agosto 2022

Acudir al recuerdo como homenaje, revisitar los días felices con papá, cuando de la mano me llevaba los domingos a casa, para descansar. Esos domingos que durante un tiempo fueron hábito. Íbamos al parque, yo andaba en bicicleta mientras él trotaba alrededor de la cancha de basquetbol como calentamiento. Yo dejaba la bici para enseguida tratar de encestar la pelota, papá como mi adversario y mi maestro, distante y a la vez paciente y amoroso. Me decía te quiero todos esos domingos sin decírmelo.

El hombre, el hijo

El hombre en el espejo se parece cada vez más a su padre, su rostro es el de su progenitor. No hace falta matar al padre, el hijo se convierte en él, el padre muere como consecuencia irremediable del tiempo y el hijo lo reemplaza. ¿Acaso el padre del hombre ve asimismo a su padre... Leer más →

Unas por otras

Andar detrás de las faldas de una mujer, Rubén, así se llama, decía la madre y luego se arrepentía al ver los ojos apagados de su hijo, no quise decir eso, pero eso ya es obsesión, esa mujer te ha arruinado la vida y él no digas eso, mamá, Silvia es como es, no es... Leer más →

La afrenta

Naturaleza frágil la del ser humano, buscador fehaciente de sentido, adolece de confianza en sí mismo. No se puede ser tan egoísta, debe cavilar, por lo que se inventa un Dios, el ser supremo que lo puede todo, que venga a eximirlo de la culpa. Así, el hombre, abocado en sí, confía su día a... Leer más →

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