El cuaderno y el rostro

He agotado las páginas de mi cuaderno. Mi diario se ha cerrado: ha llegado al final de sus días, no así los míos. Un cuaderno sin más páginas ofrece el sosiego de haber dejado testimonio de lo vivido o lo pensado, pero también ofrece el porvenir: ese gozoso volver a comenzar con un cuaderno cuyas páginas se presentan indemnes, como el mañana que no puedo calcular

La eterna compañía

Vacío hasta lo inusual, presa de los muros de mi pensamiento blanco, ausente de color. He perdido el flujo de las ideas; no logro atraparlas cuando vienen y no sé hacia qué eternidad se dirigen. No lo sabía. Acabo de descubrir que la mayor parte de mi escritura nace del impulso, de esa escritura automática... Leer más →

Saudade del yo perdido

Para mí, la escritura carece del carácter lúdico que le daba Cortázar. Para mí es casi una vocación de sufrimiento, de pesar por no lograr decir lo que albergaba mi mente. Empiezo con una frase, y a partir de lo que no sé, empiezo a hilvanar los finos hilos de la memoria

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