—¿Algún último consejo antes de irnos? —me pregunta con la esperanza de que los años lo hayan vuelto más sabio. En ese momento desaparecí, lo dejé solo para que siguiera su vida. Mi propia vida no va tan bien para poder jugar al consejero. Él sabe lo que tiene que hacer, lo hará o lo dejará de hacer todas formas. Se equivocará tantas veces, y espero que cometa los mismos errores para que yo no desaparezca
El viaje de ida
Poco me he dedicado al estudio y mucho a la lectura. Sé lo que se puede vivir en los libros, no aprendo más que lo que experimento a partir de una página bien escrita. Las palabras que me dan calor, que me dan oxígeno como unos labios a poco de un beso. Un poema que al leerse se saborea en la boca como un manjar diáfano y escurridizo. Para eso sirven las palabras, para provocar pasiones, sentimientos, ideas nunca venidas a cuenta.
El que sueña
Fui testigo del fugaz desgaste de mi padre, de sus últimos días en terapía intensiva. Estuve cerca de él sin saber qué decir, con el miedo a perderlo de repente. Me dolía verlo inmóvil, sedado, impotente. No era sin embargo la imagen de un padre frágil, sino de un hombre incansable, que resistía con fuerza sobrehumana los embates inmisericordes de la muerte.
¿Qué soñaba?
Soy ese niño que a los tres años decide no crecer, vivir por siempre en esa edad mágica en compañía del tambor que le ha regalado su madre. Soy el niño del tambor, cuento mi historia a golpecitos, ¿me escuchan? No he dicho nada, pero parece que he mencionado algo no carente de importancia. Sigo el insensato camino del silencio, escritor de la nada, explorador del abismo. Tengo el talento no confesado de la reflexión durante la duermevela, la escritura consensuada en el infinito folio de la conciencia abocada el olvido. Lo mejor que he escrito reside ahí, en el abismal infierno al que me dejo llevar de la mano de mi personal Virgilio.
El olvido de escribir
Dos autores distantes y con sendos libros a la mano coinciden en la importancia del olvido. El primero, Pessoa, habla de la literatura como un arte para desprenderse de sí mismo, olvidarse, distraerse con la tan falsa como verdadera sensación de sentirse otros, pensar en otras mentes. La literatura entonces es un dulce enajenamiento, un viaje como el que se hace cuando se sueña, la elevación del ser más allá de sí mismo: ser otredad. El segundo, Cesar Aira, está conforme con el olvido, despertarse seguro de haber soñado, como sensación física, pero con un gran hueco en la memoria.
Lápida
Le he perdido el gusto a las cosas de la vida, a las cosas que la gente, en su gran mayoría, consideran dignas de vivirse. No significa que yo haya perdido el gusto por vivir, sino que encuentro placer tan solo en unas cuantas actividades carentes de significado para los demás. Hoy me siento abatido,... Leer más →
Uso práctico del tiempo
El hijo de mi madre practicaba, desde muy corta edad, la egolatría como defensa del ser, el menosprecio a la otredad, una leve misantropía que le auspiciaba una fortuita soledad. No lo sabía, pero cada libro leído le otorgaba la experiencia lectora y no menos profunda que la de la vida real, de otras vidas. Comenzó siendo uno solo para multiplicarse, ser uno y ser distintos. Desde esa edad, en que la lectura se volvió su primicia de vida, ya nada humano, insustancial, le pareció digno de interés.
Medianoche
Pero ambos insisten, no dejan derruir el puente, refuerzan su estructura con palabras, por escuetas que sean. Al escritor no le queda más que soñarla, hacer esbozos de su rostro y su voz sobre la página en blanco. Ella es parte de otra vida, Diana y lejanía. No va a olvidarla, jugará con su recuerdo inmóvil y no actualizado. El día del destierro la buscará buscando consuelo, la encontrará cambiada, radiante todavía de alegría, sus ganas de vivir siempre renovadas, y él derrotado, de regreso porque allá no obtuvo, no encontró lo que buscaba. Me he equivocado, dirá, perdóname, y ella has cambiado, me cuesta reconocerte, ya no somos los mismos, ya no podemos traer de vuelta que el pasado ha enterrado.
Premoniciones
Silencio, no se lo digas, que no se te ocurra contárselo. Pero he soñado que... Nada, no has soñado nada, eso ha sido la otra vida, y la otra vida no tiene que ejercer su dominio en esta, ¿entiendes? Lo he sentido como real, he llorado, sentido un gran vacío, el peso de la pérdida,... Leer más →
Ya somos el olvido
Ya somos el olvido que seremos, las cenizas de un fuego lento, morirse cada día de a poco para poder vivir. La vida como desgaste, como muerte pequeña. Morir de a poco para no morirse al instante. Conservar la vida para los años que vienen. Ser cuerpo y no ser mente. La vida sin conciencia... Leer más →