Y hoy escribe palabras de arrullo, palabras dormidas, de ensueño, porque mañana se me vedan las horas, se terminan mis dos de insuficiente descanso, se lamenta a la vez que escribe, deja huella de su gran infortunio. En vano intentó concentrarse en las páginas de un libro sencillo, seguir el ritmo gradual de la lectura, dejarse ir poco a poco, entre líneas, para ya no estar consciente de estar leyendo. Estuvo, sin embargo, orgulloso de sus tres páginas memoriales, las de su diario que no termina, aquello que fue presente
Girasoles.
Los recuerdos de aquella época son una mezcla confusa de alegría y dolor, un extraño deseo de morir sin sufrimiento, de nunca de vivir en agonía. En ausencia de mi familia, no sé si mis padres vivan todavía, o si mi esposa se ha cansado de esperarme. Una joven enfermera, llamada Rosario, me ha dicho... Leer más →