Girasoles.

 

Los recuerdos de aquella época son una mezcla confusa de alegría y dolor, con un extraño deseo de morir sin sufrimiento, pero nunca de vivir largamente en agonía. En ausencia de mi familia, no sé si mis padres todavía vivan o si mi esposa se ha cansado de esperarme, una joven enfermera me ha dicho que me sería difícil volver a mis recuerdos después del tiempo que he pasado en coma. No recuerdo qué me pasó, solo que hace pocos días desperté en este almacén de camillas y sábanas blancas donde el dolor de muchos no deja entrar ningún minuto de calma.

Ha pasado un año desde que llegaste, me dice la enfermera, pausadamente, cuidando cada palabra como si con un niño tratase. Uno de los soldados de tu grupo pisó una mina, y fuiste uno de los tres sobrevivientes. Tus heridas eran graves, no pudimos salvar ni tu pierna ni tu brazo derechos. Durante la amputación el dolor fue tanto que te desmayaste repetidas veces, hasta que el dolor te fue insoportable y entraste en un estado de coma.

Cómo sobrellevar el peso del abandono, del olvido y de la mutilación. Hubiera preferido no haber despertado. Coral, la enfermera, me dijo que enviaron cartas a mis padres y a mi esposa que nunca obtuvieron respuesta. La única posibilidad es que ellos también fueran desplazados por el ejército enemigo, condenados a la muerte al intentar defenderse o al convertirse en prisioneros. Deseé fuertemente que tuvieran el tiempo de escapar y dejar la nostalgia y la muerte para otro tiempo.

La recuperación es larga y dolorosa, al contrario de los días que pasan como si no me diera cuenta. A veces el dolor me hace muchas veces dejar de sentir el paso del tiempo a base de horas y sentirlo como punzadas. La mañana tiene comienzo con la primera: un despertador que tortura, un dolor fantasma que recorre mi pierna y mi brazo inexistentes. La tarde se traduce en dolores discordes mezclados con mis ganas de vivir, de extremadamente intensos a casi por momentos imperceptibles, provocando un momento de pausa para la agonía de la esperanza. La noche por lo contrario es más serena, y pareciera que el dolor y yo llegamos a un acuerdo tácito que me permite dormir. Un seguro hasta mañana que me aterra, pero que al menos me recuerda que sigo vivo.

Mi memoria me traiciona. No puede recordar hechos concretos y pareciera que el olvido también ha mutilado a la tristeza. A veces me olvido de que soy un hombre incompleto y me rio sin ningún motivo. Esto ha causado en Coral una mezcla de desconcierto y falsa esperanza. Por un lado, le cuesta creer que la risa involuntaria sea sinónimo de una recuperación más rápida -yo qué sé- y por otro sabe, como yo, que levantarme de esta cama será la prueba más difícil.

Todas las mañanas, cuando el dolor aun no me despierta, escucho con los ojos cerrados el casi imperceptible caminar de Coral. Antes del amanecer, viene a dejarme un florero con dos girasoles frente a mi cama. Al abrir los ojos, un diminuto paisaje floral, con la sencilla belleza de dos flores amarillas y su aroma, absorben por un instante el dolor que me despierta. Coral se hace la sorprendida al ver las flores cuando viene a dejarme el desayuno. Qué bonitas, ¿quién las habrá traído?, se dice a sí misma, pero mirándome como si esperase una respuesta. Yo me dejo engañar como un niño y miento diciendo con los hombros no sé, pero que sí, que son muy bonitas.

El dolor, después de algunas semanas, deja entrever su renuncia a seguir torturándome, y se debilita a medida que mis fuerzas aumentan. Dos veces por semana Coral viene con una silla de ruedas para salir juntos a dar un paseo. Aunque en realidad soy yo al que ella pasea, pues simplemente me dejo llevar. Pasamos por un pequeño jardín improvisado, con diferentes tipos de flores, girasoles entre ellas. Le confieso que durante estos meses los dos girasoles me han dado esperanzas, que incluso, aunque no esté del todo seguro, el deseo de vivir reaparece. Coral me sonríe, cómplice de mi lenta pero segura recuperación. ¿Dos girasoles? me pregunta, sin disimular un rojo repentino en las mejillas al saberse parcialmente descubierta.

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