Estoy condenado a la inmovilidad, a la espera de la menos llevadera de las desgracias, el viento que quema y el sol que no arde. Mi destino, si acaso lo azaroso permite pensar en una vida prescrita, está maldito, abocado a la miseria como forma reiterativa de la desgracia, y después la prueba final, la verdadera renuncia a toda esta vida que me he inventado, adiós a los libros, a este apartamento de exaltada vejez; la despedida funesta, adiós a la libertad que creí cosechada y que entonces, cuando todo termine, estará plagada de lo irrealizable.
Dentro de veinte años
Me imaginé a mis cuarenta y ocho años viniendo con el mismo doctor —si acaso él también seguía vivo— para decirle si recordaba que hace veinte años él me puso la vacuna contra el tétanos y la difteria, y en un acto de extrema confianza confesarle que ese día yo no creía poder llegar a vivir tanto, que me veía muerto cualquier otro día por azar y que esta segunda o tercera vacuna en mi vida no habría sido necesaria. Y nos reímos de las sorpresas que da la vida, de tantos años de consulta y que al final no tenemos muchos años de diferencia, los dos todavía en la segunda etapa de la juventud.
A destiempo
Sé que llegas antes de tiempo, aunque para mí esta hora ya la tenías programada. No sé exactamente qué decirte, durante años pensé que nunca llegarías. Tu recuerdo me aterraba y prefería guardarte para las noches cuando me sentía desolado, obtener tu consuelo porque al final a ti siempre te he importado. Quería que llegaras... Leer más →
La culpa
Te has convertido en tema de conversación. Traigo tu historia a la mesa, a los vasos de cerveza, a los cafés que invitan a una charla larga y tendida. Te apareces en alguna reunión no planeada, fruto de casualidades, de temas que se conectan. Si se habla de los peligros de vivir, pienso en ti. Si se habla de la muerte por accidente, de la vida que se va muy pronto o de alguna tragedia, intervengo en la conversación para contar lo que te pasó como si hubiese estado ahí para vivirlo hasta la muerte. Creo que trato de propagar tu recuerdo en otras mentes, a partir de la historia de tus últimos instantes de vida.
El hombre, el hijo
El hombre en el espejo se parece cada vez más a su padre, su rostro es el de su progenitor. No hace falta matar al padre, el hijo se convierte en él, el padre muere como consecuencia irremediable del tiempo y el hijo lo reemplaza. ¿Acaso el padre del hombre ve asimismo a su padre... Leer más →
El umbral de la otra vida
Me ha pasado. Me he imaginado la vida a la medida de mis deseos, el mismo departamento, un gato distinto, ella distinta. Le he dado el nombre de la emperatriz trágica del México del siglo XIX; no muy alta, más joven que yo, el pelo corto y sus piernas blancas, desnudas en verano, y en... Leer más →
Amanecer violeta
Amanecer violeta. Frio que ya no se siente: el viejo radiador ha hecho su trabajo. Se me ha ido la noche entre mis tres páginas y la alabanza a la vida. Sigo vivo, —escribía— tratando de descifrar los preceptos del azar, por qué ella y no yo, por qué tantos otros y no yo. Uno... Leer más →
Tiempo asesino
El miedo es mi sombra, el reflejo de mí mismo que me cuido de no pisar. El miedo está presente porque yo lo estoy. El miedo se quedará tranquilo en su sitio cuando deje de pensar en él, vendrá cuando haga falta, cuando la vida sea muy bella para ser verdad y tema que se acabé de un instante a otro.
Fin a la cordura
Sábado Hola, ¿vives? No veo nada, no quiero encender la luz por miedo a dejarte ciega. Escucho que todavía respiras. No te has ido. Me doy cuenta de que el guardia de tu celda no se ha dejado chantajear por tu belleza que parece apagarse cada día, y que ha cumplido de manera fiel la... Leer más →
Nunca sabremos
Nunca sabremos lo que hubiera sido de nuestra historia, porque la vida -aunque lo deseemos- no es negociable. Las decisiones que tomamos pocas veces son reversibles. Cada una nos conduce hacia un sendero resbaladizo y en bajada, del cual es imposible detenerse. Así pasa la vida, como una larga caída hacia lo que no conocemos,... Leer más →