La noche larga se nos hizo corta, el primer beso de despedida, explosión de recuerdos, pasado y presente conjugados en minutos hacia el futuro. Beso cada vez más largo, cuerpos agitados, latidos a destiempo, suspiros del primer amor quebradizo. Nos miramos palpitantes, trastocadas por el mañana imposible, esta noche no, pero ¿entonces cuándo?
El éxito es un malentendido
Perfecto actor de su época, presente desgraciado, lo que sea con tal de que se le permita continuar aquí, renunciar a la vaca, llevar su proyecto personal hasta lo enigmático, oculto. Nunca confesar lo que de verdad se es, no dejara entrever que durante las noches escribe, que se inventa un mundo aparte, quizás una ciudad con puerto como Santa María, con una plaza rodeada de árboles, un quiosco siempre animado, el ir y venir de habitantes y turista. Vivir del otro lado, crear esa muy suya realidad que le sirva como consuelo, publicar desde el anonimato, por amor a la ficción
Víctimas felices
Por primera vez sentí la aguja de la ausencia clavada en el corazón. I. no me dijo que no me fuera, ella lo sabía irremediable, pero me dijo me vas a hacer tanta falta, quiero que vuelvas, que en el porvenir esté inscrito dos que se unen, que caminan de la mano por la playa, que se quieren al calor del mediodía, frente al mar, víctimas felices de la brisa y de la infinita arena
Silencio
Esta máscara incluso me engaña a mí mismo, me hace pensar que no todo está tan mal, que el día ha valido la pena porque he visto el esbozo de algunas sonrisas, porque esto es contagioso y yo quisiera responder de la misma manera pero no puedo, un cubrebocas me oculta el rostro, imposible el pago de la misma forma
Lo falible
Regreso a casa con el harto deseo del olvido, dejar pasar el día, mis previsiones puestas en un sueño reparador y un despertar con las fuerzas renovadas para dirigirme a los libros, la primera taza de café en mano. La mañana viene con la fruición del buen vivir, de saberse un hombre de provecho, con el tiempo contado o a cuentagotas para leer un cuento o dos, o el capítulo de una novela o un ensayo, comer del maná de los libros, el gozo indefinido de leer: el placer del texto
La cocina de mi brazo
Porque durante todos estos días me he entregado sin más a la negación, a la vida sonámbula de quien trabaja con horarios fijos, ausente e irreflexivo, movido —no motivado— por algo más bajo que el instinto de supervivencia. Schopenhauer lo definía como la voluntad, esa fuerza primigenia que nos mueve pese a nuestra necesidad de inmovilidad. Incluso el suicida es impulsado por esa voluntad de vivir: el suicida da fin a su vida no porque ya no quiera vivir sino porque esta vida se le ha vuelto castigo y se defenestra en busca de una realidad mejor
De lo perdido
Han sido años difíciles, la delatan los movimientos nerviosos de las manos, esa ansiedad física ante los problemas presentes. Siente una nostalgia irreversible al comparar las edades, yo veintinueve y ella treinta y seis. Eres muy joven, me dice, y suelta un suspiro resignado. Es insegura, y como toda mujer con falta de autoestima no carece de la bondad como bandera, de un corazón maltratado pero que sigue dándose sin reparos
El desasosiego de no saber
Debe ser a cierta edad en la vida, cuando se ha vivido la pasión del amor, en su pico más alto y en su decadencia, cuando el no saberse correspondido, en lugar de ser un agravio resulta un alivio. Saber que lo que se siente no es recíproco deshace todas las inquietudes, desvanece todas las ficciones que no son más que esperanzas infundadas. No resulta doloroso saberlo, pues amar así, con tantas dudas y sobrentendidos resulta agotador, y lo que fatiga resulta indeseable
La vida luminosa
Me han vuelto los días soleados, el amor recurrente, la familia acogedora, lo amaneceres de ranas y canales. Un desayuno frugal, el andar en bicicleta por tierras planas, caminar entre el verdor naciente de la primavera. No sentirme como en casa, porque sentirme como en casa denota incomodidad, sino sentirme bienvenido, sosegado, invadido de sentimientos benevolentes.
Desmemoria
Hoy, además de ser lector, he podido ser escritor. Nadie puede arrebatarme este triunfo, esto formará parte de la infinita corrección de mi vida, de la retrospección, de un pasado que por escribirse se vuelve olvido. De esto no me voy a acordar en una semana, esto pasará como la lluvia, como el atardecer, como la música de piano de fondo. Guardo aquí lo que mi memoria se dispone a borrar