Si su mamá supiera con quien iba a llegar no se lo perdonaría. No le diría nada. Ya le había mentido desde que compró el boleto de avión. ¿Pero qué no hay aeropuerto en tu ciudad de destino? preguntaba la madre impositiva. Sí, sí los hay, pero cuesta más caro: es más barato llegar a la capital y de ahí tomar un bus. La madre medianamente convencida. Con ese bueno, tú eres la que sabe. Te voy a extrañar mucho, tonta.
Unas por otras
Andar detrás de las faldas de una mujer, Rubén, así se llama, decía la madre y luego se arrepentía al ver los ojos apagados de su hijo, no quise decir eso, pero eso ya es obsesión, esa mujer te ha arruinado la vida y él no digas eso, mamá, Silvia es como es, no es... Leer más →
Esbozo
Escribir el retrato de un amigo, hacer el esbozo de su personalidad con pocas luces y sombras, un hombre simple, de gustos ligeros. Nada profundo le interesa, ve el mundo a través de un velo transparente, sin nada oculto, todo visible en su más natural y nimia forma. Me pregunto si debo dar cuenta de... Leer más →
Simulacros
¿Se ha dado cita ahí y no el cementerio? ¿Ha perdido a un esposo, un amante? ¿Ha decidido hacer una parada en el lugar donde se conocieron antes de asistir al reciento del descanso eterno? Le interesa sobre todo el contraste, el vestido rojo como un coágulo de sangre sobre un fondo gris. ¿Hacia dónde mira la mujer? ¿En qué piensa? ¿Qué espera? No es una mujer joven, la edad se le adivina en las piernas, en el tipo de zapatos blancos y sin tacón, y en estilo del sombrero rosa con un moño de accesorio. Lleva un bolso que casi se confunde con el color del concreto.
Presagio
La niña creció, y con ella su innegable belleza, el verde más intenso de sus ojos y sus cabellos dorados como el oro. Sin embargo, pasada la adolescencia, la entonces joven se enferma, sufre de fatigas severas, no sale sino contadas veces de la cama, sin ánimos ni energías para moverse. Su madre se hace cargo de ella, de su inexplicable enfermedad, las tres comidas se las lleva a la cama, la ayuda a lavarse, la joven bella pero lívida como las paredes de los hospitales, ahora sí, blanca como la nieve si quieres, de tan enferma que estaba.
¿Lincoln?
Damas y caballeros, disculpen la interrupción y el atrevimiento, pero solo vengo a pedir un poco de su bondad, de su empatía para este hombre sin papeles que no tiene qué comer ni dónde dormir. Tengo una familia que mantener, una madre enferma, unos hijos que me no tiene que comer.
Fin a la cordura
Sábado Hola, ¿vives? No veo nada, no quiero encender la luz por miedo a dejarte ciega. Escucho que todavía respiras. No te has ido. Me doy cuenta de que el guardia de tu celda no se ha dejado chantajear por tu belleza que parece apagarse cada día, y que ha cumplido de manera fiel la... Leer más →
Diario a la cordura 4
Miércoles No, no te he olvidado. La verdad es que pienso en ti cada día. Te llevo en el pensamiento como lo eternamente irrealizable, como el porvenir que no llegará y que solo lo guardo como un sueño, como una esperanza. No estás aquí, pero en realidad hay una parte de ti que está presente... Leer más →
Un hombre afortunado.
Llevaba un hacha en la mano, vestía el uniforme de trabajo de todos los días, pantalones de mezclilla, zapatos negros y una camisa con el logo de la empresa estampado en el bolsillo de enfrente junto a su nombre y su puesto de “Director General”. Se había despertado a la misma hora de siempre, con... Leer más →
Diario a la cordura 3
Domingo Como puedes ver no soy el monstruo de hace unos días. Mis intenciones terminan por ser buenas y todavía creo que las pequeñas y buenas acciones pueden cambiar el rumbo de este mundo aparentemente incontrolable. Me gusta pensar que soy honesto, aunque ciertas acciones mías no sean prueba fehaciente de ello, pero la honestidad... Leer más →