Diario a la cordura 4

Miércoles

No, no te he olvidado. La verdad es que pienso en ti cada día. Te llevo en el pensamiento como lo eternamente irrealizable, como el porvenir que no llegará y que solo lo guardo como un sueño, como una esperanza. No estás aquí, pero en realidad hay una parte de ti que está presente y que vive en mí. Me parece imposible contarte todo lo que ha pasado en las últimas semanas. La novedad de un nuevo empleo ha tenido mi mente ocupada y me sumerjo totalmente en aprender ese nuevo oficio. Aunque esto no me había dado tiempo de reencontrarte puedes estar segura de que esperaba ansiosamente este momento. Las palabras no me salen. No sé cómo sobrellevar este tipo de bloqueo. Si tan solo hace unas semanas escribía todos los días como si fuera un juego. Al parecer no he tenido ganas de jugar porque me exijo demasiado. Quizás debería leer más. Me faltan libros, siempre me faltan. Dónde voy a encontrar la inspiración que me hace falta. Dónde estará esa musa luminosa que desvanezca las tinieblas de este cuarto lúgubre y frio.

El día por fin ha dado paso a la noche, y con esta un aire fresco que limpia el calor sofocante de la tarde. Tú llegaste en estas fechas, cuando el clima caluroso modificaba el ritmo de la ciudad. Los días son más largos y, como consecuencia, la gente duerme menos. Es todo tan distinto a la ciudad invernal, donde estar en casa es el mejor de los refugios y la idea de salir se traduce en una empresa arriesgada. Sé que debes recordar cada detalle de tus primeros días en aquí. Yo recuerdo que fui por ti hasta la estación, pues mi constante y todavía permanente falta de dinero me impedía ir por ti directamente al aeropuerto. No fui el mejor anfitrión, lo sé, pero guardaba la pequeña esperanza de que el amor renaciera, pero la verdad es que cuando llegaste yo ya vivía las ilusiones de un amor incipiente. Yo suspiraba ya por una nueva conquista y tú, de cierta manera, te presentabas como un obstáculo en mi eterno viaje sin regreso. Así es como me gusta llamarle a mi partida. Estoy fuera constantemente, y no guardo mucha nostalgia de los momentos del lado de allá. Llegaste y al verte supe que nada había cambiado, que tu representabas lo que quería dejar lejos de mí: mi pasado. Sé que tú llegaste con grandes ilusiones de vivir conmigo una eterna aventura en este lado del mundo, pero para mí esto era en solitario. Es verdad que el amor no duró mucho con A. -ese es su nombre- pero justo después llegó el amor que se convertiría al final en mi castigo. Sí, también me enamoré perdidamente -enamorarse es perderse- entonces puedo decir que no me enamoré, sino que simplemente me perdí en la isla de su nombre. Pero debes saber que también me perdí en tu isla, que naufragué durante meses en un amor incondicional. Un amor lingüístico, filosófico y totalmente físico. Me encantaba tu cuerpo, tus formas, tus labios del primer y único beso de mi vida. ¿Recuerdas cómo lo traducimos en palabras, en metáforas, en poema? Ese primer beso con sabor a eternidad y a esperanza. El amor existía, y con un roce de labios nos dedicamos a crear un mundo entero.

La noche comienza a adormecerme, no sé si continuar escribiendo o leyendo. Al menos sé que el día de hoy te he traído de vuelta, que la oscuridad en donde esperabas pacientemente y sin esperanza se ha convertido en luz y que de cierta forma te he traído a la vida. A veces mis deseos de escribir no son en vano, y encuentro el momento propicio para dejar una marca en mi vida, dándole vuelo a las ideas sobre las ideas. Hoy también he sido vencido por otro de mis demonios, pues me había comprometido conmigo mismo a no comprar más libros hasta terminar de leer los que ya tengo, y al final me he fallado. Un nuevo libro llegará el miércoles, y con esto siento que estoy vivo y que vuelvo a ser escritor. Regresaré pronto pues, aunque te cueste creerlo, me has hecho falta.

Domingo

Hoy te escribo con una música de fondo triste, un piano que toca notas a un ritmo lento, preciso. Chopin, siempre nostálgico, una llamada a lo que fue y ya no puede ser; un lamento sin esperanza por lo que soñamos y no pudo cumplirse. Debe ser mi subconsciente el que me trae a esta música. Anoche soñé que podía interpretar una bella pieza en el piano, también de Chopin, de la que no recuerdo la melodía exacta. Ese es mi lamento por lo que nunca fue. Quise ser un artista, y a lo único que he llegado es tan solo a desearlo. Pero los deseos no se cumplen, no siempre, pues tú deseabas fervientemente estar conmigo por siempre y mira adónde nos llevó la vida. Yo sé muy poco de ti, apenas me queda el recuerdo de tu voz pronunciando aquel lenguaje que se extinguió en cuanto nos separamos. Esa manera de hablarnos que tan solo era tuya y mía. Al igual que un mundo nuevo nace cuando dos se besan, un idioma se crea cuando dos se aman. ¿Recuerdas cuánto amor cabía en una sola palabra? Nos decíamos te amo cuando nos llamábamos por nuestros nombres. Escuchar de tu dulce voz las siete letras que conforman toda mi identidad me conducía hacia un suspiro. Es verdad que mi corazón latía a destiempo al sentir que tanto amor podía caber en una sola mujer. Tú eras la mujer de las mil historias, mujer interminable, mujer mundo y eternidad.

Jueves

Pensarás que la locura se apodera de mí por escribirte sabiendo que no obtendré respuesta. Al final puedes pensar lo que te plazca -aunque suene a desafío- pues siempre has sido libre en tus pensamientos. No he hecho mucho en estos últimos tres años. Intento llenar un vacío con los libros en casa. He dejado de escribir como quisiera, impresionado de que estás páginas antes blancas ya sumen casi cuatro mil palabras. Eso es lo que quisiera, escribir una página al día para poder hacer una novela en uno o dos años. Pero lo más complicado es encontrar el tema. De qué voy a escribir para llenar tanto vacío. No logro dar continuidad a lo que escribo, ni a crear personajes que tengan vida por sí solos. Tengo anotados unos cuantos, pero no me atrevo a ponerlos o a darles una vida fuera del documento. Ahora pienso que podría responder a las cartas que tienen meses sin respuesta. Quizás venga algo bueno después de escribirlas.

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