Diario a la cordura 3

Domingo

Como puedes ver no soy el monstruo de hace unos días. Mis intenciones terminan por ser buenas y todavía creo que las pequeñas y buenas acciones pueden cambiar el rumbo de este mundo aparentemente incontrolable. Me gusta pensar que soy honesto, aunque ciertas acciones mías no sean prueba fehaciente de ello, pero la honestidad viene de la lealtad y el agradecimiento, y creo que dejar mi antiguo trabajo me salva de la corrupción. Este ejemplo te puede parecer nimio, pero ayer pagué por algo que pedimos en un bar y que ellos pensaban que ya estaba pagado. Pude aprovecharme e irme sin pagar, pero un sentido de honestidad me movió a no hacerlo de esa forma. Esas son las pequeñas buenas acciones que pueden corregir esta sociedad tan chueca -da risa- pero qué le vamos a hacer. No nos queda más.

Vendré después, quédate tranquila, no te voy a abandonar, es solo que debo tener las ganas y las ideas para volverte a escribir. Uno nunca sabe en qué me puedo convertir mañana.

Lunes

Buenos días, amor. Despierta, ya es de día ¿Tienes hambre? ¿Me oyes? Vale, poco importa, que al final no necesitas ni agua ni comida. ¿Cómo se vive en esta prisión alterna a mis pensamientos? Créeme, aunque yo conciba la mayor parte de las veces esta prisión tuya como el lugar oscuro y húmedo no es el lugar más desagradable dentro de mis pensamientos. Si supieras que esto es el infierno con suficientes habitaciones para el sufrimiento. Te hará bien saber que yo lo siento como una verdadera tortura, que ayer no tenía ni siquiera ganas de estar conmigo mismo, y por eso salí para olvidarme de mí y ver lo que otra gente hacía de su vida. Es curioso como muchos no pueden con la soledad, o mejor dicho, no pueden con su propia compañía. Esto de estar solo no existe, la verdadera soledad implica la muerte, no poder pensar, no poder escuchar lo que se piensa, no poder respirar, ver, sentir, moverse. En realidad, no nos sentimos solos por falta de compañía, sino que nos sentimos hartos de escuchar nuestra voz haciendo eco en las paredes lisas de nuestros pensamientos.

Te veo preocupada, como si de sentir miedo pasaras a sentir desesperación, dolor… debe ser normal. No sé cómo te concibes en este momento, pero para mí te encuentras amordazada, maniatada y de rodillas. Lo peor es que me gusta verte de esa forma, y me gusta también ver que sufres y tienes miedo, pero también por momentos yo te veo complacida de estar sometida de esa forma, que te gusta y que encuentras un enfermizo placer al sentirte maltratada. Qué impunidad siento al saber que puedo hacer de ti lo que yo quiera porque eres mi recuerdo. Ahora ya no eres tú y pasas a ser ella. Qué delicioso es saber que puedo convertirte en todas las mujeres, que eres una y todas a la vez y poder hacerme con todas aquellas que han sacado lo peor y los mejor de mí. Lo curioso es que a ti te torturo al no dejarte hablar ni moverte, en cambio a las otras las utilizo para saciar mi placer. Es así como las traigo de vuelta, es así como puedo volver a sentirlas.

Viernes

La vida ha tomado su justo camino. Debo disculparme por estas semanas de ausencia, pero sabes que desde hace años he dejado de percibir la verdadera noción del tiempo. No recuerdo exactamente cuándo fue la última vez que hablamos, pero hoy, al estar frente a ti, me siento alguien distinto. Creo que ya te había contado cómo cambiamos día con día, y al poco de releer las últimas líneas del pasado me siento alguien desigual. Bueno, diferente. Ya no pienso en el placer que me provoca hacerte daño física o psicológicamente, hoy solo vengo a decirte que todavía sigo aquí, que estos últimos días han sido de cambio y aprendizaje; no precisamente en lo que me interesa más, pero que es de lo que dependo económicamente: el trabajo. Hace una semana que tengo uno nuevo. De cierta forma estoy viviendo una nueva vida, ansioso por mejorar el avenir. Sabes, el destino, mi destino, lo veo cada vez más difuso. Sigo viviendo al día, guiado por un extraño instinto que no me permite pensar más allá de una semana de anticipación.

A pesar de no tener tanto tiempo libre como antes pude terminar de leer otro libro. Éste me afectó en tal manera que también me invadía en sueños. Acaso por la cercanía del personaje con mi propia vida: Gregorio quiere ser lo que nunca pudo ser y, a partir de la mentira, se inventa aquella vida que no sabe cómo dejó partir. Ah, y la eventualidad del tiempo me permitió conocer a Raquel, y como siempre me he enamorado en un solo día. No sé si esto será un talento o una maldición, pero está aunado a la inconformidad constante de mi propia vida. Sabes que la presencia de una nueva mujer en la vida de un hombre crea una revolución, y la verdad es que desde hace años mi vida no tiene alteración alguna. Me quedan los sueños, la imaginación. Me queda el afán, el inventarme otra vida. Si tengo la fortuna de vivir más allá de los cuarenta y a su vez la desgracia de no haber logrado nada importante, quizás pueda dedicarme a los juegos de la edad tardía.

Tengo que irme, trataré de no estar tan ausente. He descubierto algo que ya sabía: leer libros sobre el oficio de escribir me motiva a dejar huella en el papel blanco.   

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