Sepan bien gentes del futuro que hasta hoy no he podido terminar nada. Me gusta conformarme con mil palabras. Creo, con ingenuidad, que la vida se acabará pronto. Sin embargo deseo lo contrario, y debería poner de mi parte para que así suceda. La música eterna me dejará escribir hasta donde la muerte me lo permita. Y sentir alegría de que la vida aun no se acabe. Dueños del tiempo futuro. Dueños de un poco del azar que nos gusta llamar, no pocas veces, destino.
Alguien ha escrito.
Frente a mí tengo las fotografías de personas muertas. En la primera está mi padre joven, difunto de su yo anciano, muerto para el porvenir hace poco. En sus brazos un niño sonríe a la cámara, sin saber por qué. Ese niño de no más de un año es mi yo primerizo y también difunto. En la otra foto soy también yo, pero un yo que dejé de serlo. Soy sucesiones de difunto.
Diatribas
Me he vuelto, en poco tiempo, el tímido patológico, el hombre infecto, falto del encanto de los gallardos, de aquellos que ha cosechado la autoestima como fruto inagotable. Yo soy más bien, y sin ánimo flagelantes, un simple escribidor de lo cotidiano, lejos de lo que vale como literatura y más cerca del acumulador compulsivo de textos sin un fin previsto.
Medianoche
Pero ambos insisten, no dejan derruir el puente, refuerzan su estructura con palabras, por escuetas que sean. Al escritor no le queda más que soñarla, hacer esbozos de su rostro y su voz sobre la página en blanco. Ella es parte de otra vida, Diana y lejanía. No va a olvidarla, jugará con su recuerdo inmóvil y no actualizado. El día del destierro la buscará buscando consuelo, la encontrará cambiada, radiante todavía de alegría, sus ganas de vivir siempre renovadas, y él derrotado, de regreso porque allá no obtuvo, no encontró lo que buscaba. Me he equivocado, dirá, perdóname, y ella has cambiado, me cuesta reconocerte, ya no somos los mismos, ya no podemos traer de vuelta que el pasado ha enterrado.
Somos deseo
También existe el que no desea nada, y ese desear nada es desear la muerte que de por sí ya es desear mucho. No siempre es un deseo inmutable, difícil de sortear o de intercambiar por el deseo de seguir pese al dolor que le infringe la vida. Estamos hechos de deseo, de unos padres ilusionados con la sorpresa que les dará la vida en nueve meses. No se nos consultó si queríamos llegar, si queríamos vivir, recorrer el camino de la vida como lo siguieron nuestros padres, nuestros abuelos, y así hasta la eternidad en el pasado.
Le passé qui recommence
Je voulais devenir grand seulement pour savoir ce qu’il allait se passer une fois que je le serais. Laisser le hasard dessiner mon chemin, puisqu’on ne m’a rien laissé choisir. Je n’ai pas choisi de naître, et me voilà. Je n’ai pas choisi cette famille, ni cette ville. Pourquoi fallait il savoir à un si jeune âge qui je voulais être quand je serais plus grand ? Je savais plutôt ce que je ne voulais pas être. Je ne voulais pas être trop triste, seulement de temps en temps, quand les mauvais jours le demanderaient. Je ne voulais pas non plus être heureux, car le bonheur aveugle, et moi j’ai toujours aimé voir dans l’obscurité.
La palabra
De palabras es el caminar tambaleante hacia al baño, la sed que se instala la garganta al despertar, el frío del agua que baja y que pone en funcionamiento la máquina de la vida. Palabras los números, los cientos de palabras que tienden a la sencilla multiplicación, proliferación de caracteres, de símbolos cargados de significados luminosos.
Un año menos.
Hay dos muertes, ambas como ausencia. Cuando el amor se termina, el otro muere, se transforma en otro ser que ya no reconocemos. Se siente la ausencia, la fúnebre sentencia, y se sufre porque se le sabe vivo, sin posibilidad de dar vida al amor de antaño. ¿Y el padre que muere? Con los padres también se tiene una relación de amor, el primer amor de la vida. Me decía que no hay consuelo para la muerte de un padre o de un hijo, tampoco para la muerte de la persona compañera de vida. No me parece sin embargo acertado comparar la muerte de un padre con el término de una relación amorosa, pero sí es el final de un historia de amor, hilvanada desde la infancia.
18 de agosto 2022
Acudir al recuerdo como homenaje, revisitar los días felices con papá, cuando de la mano me llevaba los domingos a casa, para descansar. Esos domingos que durante un tiempo fueron hábito. Íbamos al parque, yo andaba en bicicleta mientras él trotaba alrededor de la cancha de basquetbol como calentamiento. Yo dejaba la bici para enseguida tratar de encestar la pelota, papá como mi adversario y mi maestro, distante y a la vez paciente y amoroso. Me decía te quiero todos esos domingos sin decírmelo.
La literatura será mi venganza
Estoy condenado a la inmovilidad, a la espera de la menos llevadera de las desgracias, el viento que quema y el sol que no arde. Mi destino, si acaso lo azaroso permite pensar en una vida prescrita, está maldito, abocado a la miseria como forma reiterativa de la desgracia, y después la prueba final, la verdadera renuncia a toda esta vida que me he inventado, adiós a los libros, a este apartamento de exaltada vejez; la despedida funesta, adiós a la libertad que creí cosechada y que entonces, cuando todo termine, estará plagada de lo irrealizable.