Inferior

Simón había intentado defenderse, con la otra mano busca el punto exacto del corazón y le atraviesa el pecho hasta la muerte. La escena del crimen fue manipulada de tal manera que pareciese un suicidio, nadie sospecharía de él.

Soslayar

Pero ella sabe que la traición tiene un sabor dulce cuando se es el ejecutante y no la víctima, sabe que se deja llevar por un deseo desde hace años contenido, y que la mejor forma de librarse de esa espinita —como ella le dice— es rozándola, sangrar un poco por su culpa.

Flotar sin dudas

No se hablará en las noticias, será acaso una nota roja, en esos periódicos que mi padre gustaba llamar con desdén amarillistas, más inclinados al morbo que a la nota seria. Ahí resaltará el encabezado estridente, de doble sentido, se ahoga mujer en la piscina de su propia casa. Se mostrará mi cuerpo lívido, ya... Leer más →

Un mirar desolado

Samantha le había enseñado a rescatar los sonidos de la tarde, las voces entre las angostas calles de barrios paupérrimos, pasadas y presentes, a partir de su voz de entrañable pureza. No olvidaría lo mucho de sorprendente y maravilloso que tenía la casa de Samantha entre dos terrenos baldíos, como una casita de juguete que hace poco había abandonado el techo de lámina por uno de concreto, donde ella y su madre vivían en un cuarto con ventana a la calle esperpéntica, rescoldo de una alegría antigua.

Insolación

Se convirtió en parte de su atuendo y ya sus padres no le daban mayor importancia, si le hacía sentir seguro y le permitía vivir, ¿por qué impedírselo? La botella de agua, de medio litro, era su reserva y no la bebía a menos que no tuviese otra fuente de hidratación a la mano. Era más bien un arma contra la muerte y su sentencia, que sin dudas le dijo que se iba a morir de sed, deshidratado en una tierra seca, en un monte lejano, sin nadie que le ayudase a sobrevivir.

Vive

Tengo deseos a muerte de contar lo sucedido porque no tuve que vivir para contarlo. El más allá, ese lugar entre el cielo y el infierno me trajo de vuelta a estas páginas blancas que me interpelan, exigen que cuente la historia de cuando me fue arrebatada la vida. Estoy aquí porque tuve que morir... Leer más →

Esteban y el olvido

Unos venían porque los llamaba la vocación, servir a Cristo y a su Iglesia, jóvenes fervientes, dispuestos a seguir el camino de la mano del Señor; los había también motivados por la familia, el tío que fue sacerdote, el primo que estaba por terminar los estudios en el seminario. Lo más numerosos eran aquellos jóvenes perdidos, no muy seguros de lo que querían, pero que los estudios en el seminario significaban el natural paso del hospicio, internado u orfanato.

Discontinuidad de los parques.

Me puse cómodo en mi sillón, el único, de espadas a la puerta que me hubiera molestado con intrusiones no pedidas, dejé que mi mano sintiera con el fino tacto una y otra vez el terciopelo verde y me puse a leer los capítulos finales.

Diáfana esperanza

Martha y yo compramos una lata de conservas. La compramos porque la lata, sí, una simple lata de chícharos nos vio pasar por el pasillo de las conservas. Sí, sabíamos que las cosas por sí solas no tienen vida propia, pero consideramos que aquella lata, con chícharos —o algo más y misterioso en su interior—... Leer más →

Escritor sin oficio

Yo no soy ningun escritor pero me dedico a escribir. Nadie me ha dado el título para ejercer este noble e invaluable oficio. Soy un escribidor de pensamientos y diarios, de esos que la gente llama íntimos, aunque en realidad mis ideas y sentimientos son más que nada del ámbito público, pues todos pensamos y... Leer más →

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